El gran apagón paraliza comercios entre nervios, pérdidas mínimas y consejos clave para el futuro

Comercios cerrados, radios encendidas y vecinos colaborando: así vivió la Península el mayor apagón en décadas con lecciones que quedan para el futuro.

El apagón en España paraliza comercios sin incidencias graves.

El apagón que sorprendió a toda la Península Ibérica el lunes 28 de abril dejó a millones de casas sin electricidad, pero también expuso la resiliencia de vecinos, vecinas y trabajadores. La jornada del pasado lunes nos tuvo a todos pendientes de la radio y de las últimas noticias.

Sin embargo, también fueron muchos los comercios y los vecinos que se vieron obligados a improvisar. ¿Cómo lo vivieron? 

Luces fuera, nervios a flor de piel

“Muchos pensábamos que era algo del edificio o del barrio”, explica la vecina Diana Sastre. Sin embargo, al ver que pasaban los minutos —y luego las horas— sin señales de normalidad, los trabajadores comenzaron a preocuparse. Los comercios, como los del mercado de abastos, los estancos y las carnicerías, son algunos de los que se han visto afectados.

Mercado de Abastos de Colmenar Viejo.
Mercado de Abastos de Colmenar Viejo.

Como comenta Feli Romón, trabajadora de un estanco, a este medio, "esto nos recuerda a la pandemia". Muchos locales cerraron sus puertas por falta de medios para cobrar, pesar o incluso conservar el producto. Básculas electrónicas, TPV, códigos de barras… todo quedó inutilizado.

¿Se perdió mucho género? Afortunadamente, no

Uno de los grandes temores era la pérdida de productos frescos. Pero por suerte, según apuntan varios trabajadores, no se han lamentado grandes pérdidas de género. Eso sí, muchos tuvieron que cerrar antes de tiempo, resignados, aunque tranquilos. La clave fue actuar con rapidez, priorizar lo esencial, y, por supuesto, una vez volvió la luz, acudir a encender toda la maquinaria de nuevo.

Consejos para futuros apagones: efectivo y conservas

La experiencia dejó algunas enseñanzas claras. Los vecinos y trabajadores entrevistados coincidían en algo: es clave tener algo de efectivo en casa y alimentos no perecederos como galletas, leche, conservas o productos fríos listos para comer. No poder usar tarjetas ni calentar comida fue uno de los mayores factores de caos. 

Además, la falta de cobertura sumó incertidumbre a la jornada. Radios a pilas y linternas recuperaron protagonismo, y muchas familias optaron por salir a los parques con juegos de mesa para pasar las horas.

Optimismo y anécdotas: la comunidad resistió bien

Aunque la situación fue compleja, la mayoría de los testimonios recogidos hablan de calma, colaboración y hasta humor. Entre anécdotas y consejos, los trabajadores y vecinos se mostraron positivos y resilientes.

Tras una jornada que será recordada por muchos años, el aprendizaje comunitario y la actitud positiva fueron el mejor cierre a una experiencia tan inesperada como reveladora.