"Relamida" nos descubre los preparativos de la fiesta de La Vaquilla de Colmenar
Las madres de varias familias se reúnen para vestir la vaquilla: mantones de manila, pañuelos y otros adornos cubren un armazón de madera en cuya parte frontal se colocan dos cuernos para imitar a este astado.
Según María Antonia Francisco Carrillo, que viste vaquillas desde hace más de cinco décadas, el objetivo es que el conjunto "sea lo más vistoso posible". Y no vale poner cualquier pañuelo: hay que buscar los mejores, con motivos taurinos a poder ser, y coserlos de tal manera que cuando la bailen por las calles del pueblo en la tarde del 27 de enero, se muevan de una determinada manera que resulte un disfrute para la vista.
Este año, 24 vaquillas
La vaquilla Relamida y el resto de compañeras (en 2018, 24, entre las que hay siete infantiles y una formada exclusivamente formada por chicas) mantienen año tras año una tradición cuyas raíces se hunden en el tiempo, y que se transmite de padres a hijos, y de generación en generación.
Cada vaquilla, formada por mayoral, vaquilleros y taleguero, realiza un recorrido desde su sede por diferentes calles de la localidad hasta llegar a la Plaza del Pueblo, donde, de una en una, realizan un particular baile que simula embestidas a los vaquilleros. La dificultad radica en que el armazón tiene más de treinta kilos y quien la mueve solo puede ver por un orificio delantero del armazón.
Tras la exhibición en la plaza, cada vaquilla vuelve a su lugar de salida y allí se simula su muerte con tres tiros de escopeta al aire y se bebe una limonada que rememora la sangre del animal muerto.
En 2018, la vaquilla Relamida realizará esta parte del ritual en el Pósito Municipal, para que pueda verlo cualquier vecino y turista, y además quedará expuesta todo el año. Es una de las novedades impulsadas para que esta fiesta declarada de interés turístico desde 1985 tenga cada vez más turistas.