El desempleo masculino retrocedió en los últimos tres años un 33% y el femenino un 20,4%
La crisis económica ha sido especialmente dura con las mujeres en materia laboral. Y según los datos más recientes de desempleo, de la generación de empleo de los últimos tiempos, las mujeres se están beneficiando menos que los hombres, según la Asociación Nacional de Agencias de Colocación (ANAC).
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Su tasa de paro, que arrancó 2008 en el 11,8%, llegó a estar en el 26,57% hace un par de años.
Por lo que se refiere al paro registrado, los datos son concluyentes. Desde que empezó a caer en febrero de 2013, el número de hombres inscritos en las oficinas del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), antiguo INEM, ha bajado un 35,1%, mientras que el de mujeres lo ha hecho en sólo un 18,3%.
La última Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente al segundo trimestre de 2016, corrobora esta tendencia.
Entre el primer trimestre de 2013 y el segundo de 2016 abandonaron las filas del paro 1.108.800 hombres sobre un total de 3.358.400 y 846.717 mujeres sobre un total de 2.919.900. Eso significa que, en términos relativos, el desempleo masculino retrocedió un 33% durante ese periodo y el femenino, un 20,4%.
La EPA apunta que a día de hoy hay más mujeres que hombres en paro; concretamente, 2.325.100 frente a 2.249.600.
Igual que la reducción del paro de los últimos dos años se ha notado menos en el colectivo femenino, la creación de empleo también ha sido inferior en él. Al cierre del segundo trimestre de 2016 ocupaban 8.329.500 puestos de trabajo, con una subida del 6,9% respecto al primer trimestre de 2013. Hombre ocupados hay un 7,9% más.
¿Y cuál puede ser la fórmula para mejorar esta tendencia? Ni más ni menos que la conciliación laboral y familiar. La cuestión es que aún hoy, tan en Europa que estamos, y tan en el S.XXI, "conciliar" nos sigue sonando a utopía o a países nórdicos, quienes parecen tener una visión del mundo mucho más práctica, social, y realista. Es un asunto muy sencillo: si la mujer, que evidentemente es quien concibe, gesta y da a luz, no tiene la protección necesaria por la sociedad en su conjunto para esta labor, tendrá que elegir entre ser madre o trabajar. Si elige lo primero, seguramente tendrá que ver reducidos horarios, y salarios. Menos horas, menos cobras. Por lo tanto, la principal carga económica la asume la otra parte de la pareja, más horarios, más estrés, menos tiempo familiar. Si la mujer elige trabajar se verá necesariamente reducida la natalidad y, por consiguiente, la población envejecerá a marchas forzadas.
Esta es una ecuación demasiado básica del problema, pero la realidad es que es realmente urgente y necesario que exista un equilibrio familiar, no solo para la mujer, sino para todo el conjunto de la sociedad. Aún tenemos muchos prejuicios y demasiada rutina impuesta en los procesos empresariales que no solo no nos acercan a la Europa idealizada, sino que nos alejan cada vez más convirtiéndonos en un país con grandes objetivos pero poca capacidad ejecutiva.