Lugares y personajes emblemáticos de Miraflores de la Sierra en el siglo XX

Las Escuelas, la Fábrica de Pasamanerías o el Cine de Abajo están entre los lugares emblemáticos de Miraflores de la Sierra en el siglo XX

Hoy Guillermo Herrero, de toponimos.es nos recuerda estos lugares y también a personajes emblemáticos como Paula "la pipera"

Miraflores de la Sierra es conocido no solo por su belleza natural, sino también por su rica historia y las tradiciones que han moldeado su identidad así como por sus lugares emblemáticos. Hoy queremos descubrir en Tras las Huellas de la Sierra, y de la mano de Guillermo Herrero, impulsor de Toponimos.es, oficios emblemáticos de esta villa serrana.

A mediados del siglo XX, el pueblo era un hervidero de actividades, con una variedad de oficios que sustentaban la vida de los mirafloreños. Cada rincón del pueblo contaba con historias y personajes que dejaron una huella indeleble en la memoria colectiva de sus habitantes.

Las Escuelas de Miraflores, uno de los lugares emblemáticos

Las escuelas de Miraflores de la Sierra no solo eran centros educativos, sino también hogares para los maestros. Entre los más recordados se encontraban Doña Ana María, Doña Emilia, Don Adolfo y Doña Tina. Doña Emilia, cuyo hogar estaba junto al aula, a veces pedía a los estudiantes que vigilaran su cocido, mientras que Don Adolfo, conocido por su severidad, mantenía a los alumnos en alerta con su famoso palo llamado "Gorgorito". Los maestros, humildes y dedicados, recibían casas gratuitas del Ayuntamiento y eran frecuentemente invitados a las casas de los vecinos para compartir una comida. Este edificio sirvió como escuela desde 1906 hasta hace unos 40 años, y actualmente alberga las oficinas del Ayuntamiento.

La Fábrica de Pasamanerías

La Fábrica de Pasamanerías de Miraflores contaba con los más modernos telares mecánicos de la época, donde se trabajaban telas y se bordaban cordones, borlas y flecos para adornar vestidos y uniformes militares. Funcionó desde finales del siglo XIX hasta la guerra civil, proporcionando empleo a unas 60 personas, principalmente mujeres. En los años 40, se intentó reabrir la fábrica, pero sin éxito duradero. Curiosamente, durante la guerra civil, la fábrica sirvió de alojamiento para las tropas, mientras que la iglesia parroquial se utilizó como almacén de carbón y otros materiales.

El Cine de Abajo, otro lugar emblemático

El Cine de Abajo era un lugar de encuentro y entretenimiento, propiedad de Tomasa y Ricardo. Además de proyectar películas en blanco y negro, se utilizaba como teatro y salón de baile. Los vecinos se reunían en invierno para ver películas, sentados en butacas o sillas plegables de madera, disfrutando de la experiencia con unas pipas. En los años 50, algunos residentes del pueblo se juntaban en su tiempo libre para ensayar y estrenar obras de teatro en este local. Aunque había quien intentaba colarse sin pagar, las dueñas siempre los descubrían, creando recuerdos entrañables de una época vibrante y llena de vida.

El Sheriff: El Sheriff era uno de los garitos más populares de Miraflores de la Sierra, especialmente durante el verano. Originalmente un prado, fue transformado con cemento y un pequeño escenario para músicos. Las amistades y los primeros bailes sucedían aquí, donde los jóvenes del pueblo se reunían y, a veces, competían por la atención de las chicas que venían de fuera. Aunque la moda de ir al Sheriff pasó con la llegada de las discotecas modernas, los recuerdos de aquellos veranos perduran en la memoria de los mirafloreños.

Paula "la Pipera": Paula, conocida cariñosamente como "la pipera", era una figura entrañable de Miraflores. Viuda a temprana edad, mantuvo a su familia, entre otros trabajos, vendiendo pipas, regaliz y caramelos desde un carrito que guardaba en el Bar “El Álvaro” y sacaba a la plaza del Álamo. Los fines de semana y las vísperas de fiestas, su carrito se convertía en un punto de encuentro para los niños, que rodeaban el puesto decidiendo qué golosina comprar. Además de pipas, vendía caramelos, bolitas de anís, chocolatinas, sugus, chicles, regaliz, piñones y, en ocasiones, incluso petardos y cigarrillos a los más mayores. Su paciencia y amabilidad hicieron de Paula una persona muy querida en el pueblo.