Los disfraces de Carnaval en los pueblos del norte de Madrid a mediados del siglo XX

Durante la posguerra, y con el comienzo de la dictadura de Franco, los carnavales no estaban prohibidos en muchos pueblos del norte de Madrid, pero no eran bien vistos por las autoridades. Había ciertos límites en los disfraces, por ejemplo, las máscaras estaban prohibidas

Los disfraces solían prepararse en el "sobrao", es decir, en el desván de las casas.

El carnaval terminaba el "domingo gordo", cuando se organizaba una gran merienda en grupo. Se preparaban palomas, pollos, escabeche y vino para despedir la fiesta hasta el próximo año.

En la sección 'Tras las huellas de la Sierra' de Onda Cero Madrid Norte (100.1fm) conocemos curiosidades sobre los municipios de la zona norte de Madrid, cómo era la forma de vida, de dónde vienen los nombres de estos pueblos… En este caso, aun estamos viviendo la resaca del carnaval por lo que, Guillermo Herrero, nuestro experto en curiosidades y topónimos nos hablará de los disfraces de Carnaval en los pueblos del norte de Madrid a mediados del siglo XX.

Carnaval durante la dictadura de Franco

Durante la posguerra, y con el comienzo de la dictadura de Franco, los carnavales no estaban prohibidos en muchos pueblos del norte de Madrid, pero no eran bien vistos por las autoridades. Había ciertos límites en los disfraces, por ejemplo, las máscaras estaban prohibidas. Siempre había que ir con el rostro descubierto. Sin embargo, la tradición seguía viva y, aunque de forma discreta, la gente encontraba la manera de celebrarlos.

La idea principal era disfrazarse, aunque no necesariamente tenía que ser de algo en concreto. El objetivo era simplemente ponerse unos atuendos graciosos y disfrutar de los carnavales.

La forma de disfrazarse de las mujeres

Las chicas solían disfrazarse de gitanillas, de pobres, o simplemente de vestirse con colores y ropajes llamativos. Para ello, utilizaban las faldas llamativas de sus abuelas, se pintaban dos lunares en la cara y se rizaban el pelo en la parte delantera con los característicos "caracoles". El maquillaje no podía faltar: un poco de color en los labios y algo en las mejillas para dar más expresión al disfraz.

Los disfraces solían prepararse en el "sobrao", es decir, en el desván de las casas. Allí, entre baúles y roperos antiguos, las jóvenes buscaban la ropa más vistosa o divertida de sus abuelas. Algunas preferían ponerse los tradicionales trajes típicos del lugar. Otros utilizaban manteos de grana, mientras que otras escogían los pañuelos de Manila o aquellos de colores vivos—rosas, amarillos, o con múltiples tonos—que también formaban parte de la vestimenta de generaciones pasadas.

La forma de disfrazarse de los hombres

Por su parte, los chicos también optaban por disfraces improvisados: algunos, para hacer reír, se vestían de mujer con faldas y pañuelos oscuros y se ponían sombreros grandes o pamelas. Otros se vestían con ropajes muy viejos y se echaban un saco a la espalda para aparentar tener una joroba y disfrazarse de pobre.

En aquellos años, no era raro que se formaran grupos de 15 o 20 chicas y otros tantos chicos. Todos juntos recorrían las calles bailando y pidiendo dinero o comida para organizar una merienda el martes de carnaval. Los vecinos les daban lo que podían: huevos, patatas… lo que fuera. Con lo recaudado, se preparaban tortillas, pollos guisados y otros platos que compartían entre todos.

Celebración con baile y comida

Ese martes por la tarde se celebraba un baile en los salones de baile con el piano, como se llamaba entonces al organillo. La gente acudía disfrazada y, entre baile y baile, era habitual que algún chico intentara "camelarse" a una chica.

El carnaval terminaba el "domingo gordo", cuando se organizaba una gran merienda en grupo. Se preparaban palomas, pollos, escabeche y vino para despedir la fiesta hasta el próximo año.

Además del disfraz, el carnaval se vivía con música y canciones populares. Entre los cantares que se entonaban estaba este:

”El martes de carnaval 

de gitana me vestí 

y me fui a un salón de baile 

por ver a mi novio allí.

 

Él me dijo: «Gitanita, 

vaya gitana, por Dios. 

Dame la buena ventura, 

la gracia que tengo yo.»

 

Eres un chico muy guapo 

y de muy buen corazón, 

pero tienes una falta: 

que eres muy camelador.

 

Camelas a dos mujeres 

que ahora te diré quién son: 

una es rubia y otra es morena, 

como yo.

 

Si te casas con la rubia 

vas a ser un desgraciado, 

cásate con la morena 

y serás afortunado.”