Curiosidades de las abejas silvestres: no hacen miel pero tienen una importancia clave en el ecosistema

Aunque la abeja melífera, la que produce miel y cera, es la más común, dentro del mundo de las abejas existen otras con comportamientos y características diferentes. Es el caso de la abeja silvestre que no vive en colmenas ni enjambres sino en solitario. Pero al igual que las otras, está perdiendo población en los últimos años por la reducción de su hábitat, el uso de pesticidas o el cambio climático. Con motivo del Día Internacional de la Abeja, el biólogo de la Asociación Iberozoa, Manuel Mármol Melendo, habla de este tipo concreto de abejas, las silvestres.

Diferencias

La abeja que todos conocemos, la abeja melífera, es solo una de las más de 20.000 especies de abejas que existen en todo el mundo. Para que nos hagamos una idea, hay aproximadamente el doble de especies de abejas que de aves.

“Aunque tenemos a la abeja melífera como la más normal, la que vive en enjambres con una reina, construye colmenas y produce miel y cera,  lo cierto es que dentro de las abejas es de las raritas, es la extraña. La mayoría de especies de abeja son solitarias, hacen sus nidos en agujeros en la madera o en el suelo y no producen miel, o producen muy poquita”.

1.100 especies de abejas en España

En España, contando a las Canarias, tenemos más de 1.100 especies descritas lo que nos convierte en el segundo país europeo con mayor diversidad de abejas, solo por detrás de Grecia.

Con toda esta diversidad, uno pensaría que es fácil ver abejas diferentes a la melífera... Sin embargo hay que saber donde mirar. Para empezar, en muchos lugares la abeja de la miel es la especie más común con diferencia. Y no es de extrañar porque además de que viven en enjambres muy grandes de decenas de miles de individuos, es una especie que criamos y soltamos nosotros al medio de forma comercial.

La abeja de la miel además, como la criamos nosotros, suele ser más confiada con el ser humano y dejarse ver más. Otras abejas en cambio son más asustadizas y se van volando rápidamente en cuanto nos acercamos a sus flores, y no nos da tiempo a verlas.

Dos tipos de abejas silvestres (foto: Iberozoa)
Dos tipos de abejas silvestres (foto: Iberozoa)

Por otro lado, las abejas silvestres pueden ser muy variables en tamaño y forma, y la gente no siempre las reconoce. Algunas son parecidas a la abeja de la miel, y pueden confundirse con ella. Otras son tan pequeñas que, aunque sean comunes, si no te fijas bien en ellas podrías confundirlas con alguna mosquilla u otro insecto pequeño.

Otras tienen un aspecto alargado que puede recordar más al de una avispa que al de una abeja más convencional por lo que si no se tiene ojo pues puede confundirse con una avispa un poco extraña.

Y luego por otro lado, lamentablemente muchas de ellas están desapareciendo o volviéndose más raras de ver, ahora hablaremos más de eso.

Abejas que no pican

Las abejas de la miel pueden picar si se ven amenazadas aunque pierden la vida en ello. “Tienen unos ganchitos en el aguijón que se le quedan enganchados en nuestra piel. Entonces una vez pica la abeja no puede soltarse y al tirar para salir volando pues se acaba desgarrando el abdomen. Esto es una vez más una rareza de la abeja de la miel, ya que con la mayoría de especies de abejas no pasa”, dice Mármol Melendo.

Algunas abejas para empezar ni siquiera tienen aguijón, y las que lo tienen por un lado no suelen tener estos ganchitos que se quedan atrapados en la piel. Además rara vez usan el aguijón.  

El biólogo de Iberozoa explica que la razón es que viven solas.

“Las abejas de la miel pican más a menudo porque para ellas su vida no es tan prioritaria, lo importante es la seguridad de la colmena y de la reina, que es la única que pone huevos. Así que en cuanto sienten que algo o alguien puede ser una amenaza para el nido se lanzan a picar. Como en una colmena de melíferas puede haber hasta 80.000 abejas, se pueden permitir unas cuantas bajas. Las abejas solitarias, por otro lado, están, tal como indica el nombre, solas. Las hembras tienen que construir el nido, buscar alimento y cuidar de las larvas. Todo ello solas, entonces no están para buscar pelea, porque saben que si mueren su descendencia se va al traste” dice Mármol Melendo.

Por otro lado, la abeja silvestre también es polinizadora y además de flores que no polinizan otros insectos. Sería el caso de las flores de las plantas de los tomates, las berenjenas o los pimientos.

Una curiosidad es que en los invernaderos, no suele haber abejas de la miel, sino abejorros, que no dejan de ser abejas pero más grandes y gorditas. Pero, ¿por qué? La razón es las abejas de la miel son muy malas polinizando este tipo de cultivos.

“En estas plantas, sus flores solo sueltan polen si reciben vibraciones fuertes, vibraciones que los abejorros y otros insectos pueden producir con el zumbido tan fuerte que hacen con sus alas, pero que las abejas melíferas son demasiado pequeñas y débiles para producir. Por eso en los invernaderos se meten abejorros y no abejas melíferas”.

Así mismo, otras plantas, por el contrario, tienen flores demasiado pequeñas para la abeja de la miel. En otras, su olor o su color atrae más a otros insectos, como moscas o escarabajos, que a las abejas.   

Cada vez menos ejemplares

El hecho es que  las abejas silvestres están desapareciendo, pero ¿por que sucede esto?  El biólogo de Iberozoa señala que “por un lado el uso abusivo de pesticidas en el campo está acabando con las poblaciones de polinizadores silvestres, no solo las abejas. Luego está la pérdida de hábitat: muchas de estas abejas crían en agujeros en la madera muerta. Esta se suele quitar de los bosques para evitar incendios, lo cual es muy comprensible, pero si se quita toda pues estamos dejando a muchos animales sin su hogar.  

“Por otro lado, en los cultivos muchas veces se quita también la vegetación no solo del cultivo sino la que crece alrededor, las mal llamadas "malas hierbas", lo que las deja sin alimento. Sus opciones son morirse de hambre en los linderos porque han quitado todas las flores o morirse envenenadas en el cultivo porque están llenos de pesticidas”, dice Mármol Melendo.

El cambio climático tiene también descolocadas a algunas especies.  Y por último tenemos, lo más controversial, a la abeja melífera. La abeja melífera es una especie nativa aquí en Europa, pero como se explota comercialmente se ha introducido en el resto de continentes, donde compite con las abejas nativas de allí y las desplaza. En Europa no suele causar tantos problemas porque como digo es de aquí nativa, pero igualmente en algunas zonas hemos metido nosotros de forma artificial más abejas melíferas de las que habría de forma natural, por lo que al final el equilibrio se rompe también y pueden acabar echando a algunas de las abejas silvestres”, dice el biólogo.

Qué podemos hacer

Cómo podemos ayudar a las abejas silvestres a remontar población. Mármol Melendo responde que se pueden hacer cosas tanto a nivel individual como institucional. A nivel individual están los llamados hoteles de insectos. Son como unas casitas hechas de palitos con agujeritos que se cuelgan en tu jardín o en tu terraza y que pueden usar muchas de estas abejas solitarias para anidar.

Otra cosa que les ayuda mucho es plantar flores nativas en nuestros jardines o incluso en nuestras terrazas. Una maceta de romero, o tomillo o cualquier planta autóctona en nuestro balcón ya puede atraer y servir de alimento a muchas abejillas.

Si tenemos huerto o cultivos hay que abogar por una agricultura sin pesticidas.

“Se que los ambientalistas damos mucho la matraca con esto, y muchos agricultores se piensan que es que queremos amargarles la vida, o imponerles normas, más normas, pero es que de verdad que no estamos quedando sin polinizadores y va a ser un problema de aquí a unos años”, dice el biólogo de Iberozoa.

Por su parte, las instituciones deberían invertir más en estudiar y en conservar más al resto de abejas, no solo a la melífera. La melífera está bien, pero aunque las otras abejas no nos den un beneficio tan visible son igual de importantes, tanto para los cultivos como para los ecosistemas en general.

Mármol recuerda que también hacen un trabajo gratis, el de polinizar, que si no las tuviéramos nos costaría miles de millones de euros al año compensar solo en Europa. Tendríamos que ir como hacen en algunas zonas de China, que polinizan los agricultores a mano los cultivos porque se han quedado sin abejas.

El biólogo recuerda una frase muy popular entre los ecólogos estadounidenses: "Mantener colmenas para salvar a las abejas, es como criar gallinas para salvar a las aves".