Tras las Huellas de la Sierra: Un repaso por la historia de la Comunidad de Madrid (parte II)

Guillermo Herrero, responsable de toponimos.es.– Durante todo el siglo XII continúa la repoblación, pero habrá que esperar un siglo más para que la huella militar se diluya completamente de la villa madrileña. A partir de este momento, a finales de la Edad Media, las antiguas murallas defensivas de la época musulmana se ampliaron y sirvieron para un propósito muy distinto para el que fueron concebidas: controlar la fiscalidad de las mercancías que, cada vez con mayor frecuencia y cantidad, afluían al mercado de la ciudad. Las entradas a la ciudad estaban controladas, y ahora lo estaban también las mercaderías.

En el siglo XIII, en el año 1202, Alfonso VIII concedió a la villa una serie de normas para resolver los problemas cotidianos. Madrid ya había contado con un fuero similar al de Toledo desde 1118, la primera legislación que recibía la ciudad. Se sabe que durante el reinado de Alfonso VII comenzó a funcionar una primitiva organización, que daría lugar, más tarde, al Concejo de Madrid.

Siglo XIV, conflictos entre familias

Llegamos al siglo XIV. Como en otras ciudades castellanas, la autoridad y el poder en Madrid lo ostentaban unas cuantas familias, que gobernaban básicamente en su propio beneficio. Esta situación dio lugar a muchos conflictos, no solo entre la población y las familias dominantes sino también entre la villa de Madrid y las aldeas y pueblos que la rodeaban y formaban parte de lo que entonces se denominó la Tierra de Madrid, primer embrión administrativo de la Comunidad. Reproduciendo el sistema feudal a escala mayor, la villa ejercía su papel de señor mientras las aldeas constituían la servidumbre. Por supuesto, las tensiones entre las aldeas que constituían la Tierra y la ciudad de Madrid eran inevitables por la carga fiscal que está imponía a las pequeñas poblaciones. A estos conflictos había que sumarles los que existían entre los señores feudales y la iglesia, propietaria de muchas tierras otorgadas por la corona durante la repoblación cristiana.

Durante todo el periodo medieval, Madrid mantuvo una población bastante estable, de menos de 10.000 habitantes. La producción en la zona se limitaba a algunas manufacturas y al cultivo de cereales. Fue un periodo en el que Madrid, a pesar de ser ya villa, mantuvo actividades económicas propias del medio rural, algo que se mantuvo aún por un tiempo. No olvidemos que la ciudad aún no había arrebatado la capitalidad del reino a Toledo, que seguía siendo la ciudad más importante de Castilla.

Abre la Universidad Complutense

El año 1508 abrió sus puertas la Universidad Complutense de Alcalá de Henares, bajo los auspicios del cardenal Cisneros. Mientras tanto, lugares como El Pardo, que llevaban desde el siglo XIV como plaza favorita de los monarcas para descansar y practicar la caza, empezaron a ser cada vez más frecuentados por la corona desde que los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, impulsaran la construcción del palacio Real de Aranjuez. En 1561 Felipe II designó a Madrid como sede de la Corte y le concedió la capitalidad, cuando ya hacía algún tiempo que las Cortes de Castilla se reunían en la ciudad con cierta asiduidad. Poco después, en 1564, Felipe II ordenó la construcción de una de las mayores joyas arquitectónicas de la Comunidad, el monasterio de San Lorenzo del Escorial, muy cerca del Palacio Real.

Los 'gatos' sobre la muralla

Fue también en estos años, en 1566, que se construyó la tercera muralla de la historia de la ciudad. Y todavía hubo una cuarta, construida en 1625, durante el reinado de Felipe IV, que se mantuvo hasta mediados del siglo XIX. Madrid heredó de aquellas murallas fragmentos esparcidos por puntos concretos de la ciudad y el apelativo de «gatos» a los madrileños, por la manera en que estos trepaban por los altos muros. Que Madrid se convirtiera en capital significaba, también, que las tierras colindantes iban a depender de ella económicamente, aunque aún estaba lejos de ser una entidad administrativa común. Era los tiempos del imperio, del que se decía que «nunca se ponía el sol», en alusión a la cantidad de colonias que la corona española tenía repartidas por el mundo. La economía de la ciudad se alimentaba entonces, básicamente, de la riqueza que la corona extraía de sus colonias e invertía en la villa.