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Opinión | Eduardo Andradas

Reforzar la democracia con derechos para los animales

Pitágoras meditaba que animales y seres humanos compartían la misma alma, por eso se hizo vegetariano y compraba gallinas o patos en los mercados para liberarlos.  Los cataros, ‘“Hombres buenos”, estaban en contra de toda violencia por eso seguían una dieta vegetal y tenían prohibido matar a otros mamíferos o aves. Ya en 1654 Oliver Cromwell prohíbe en Gran Bretaña las corridas de toros, las peleas de gallos y las de perros, tras su muerte, y el consiguiente restablecimiento de la monarquía, regresarían esos espectáculos al país.  

Redacción

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En el estado español, el escritor y socialista Eugenio Noel o el sindicalista de UGT Josep Comaposada agitaron la península en los primeros años del siglo XX contra la tauromaquia, que en el Parlamento tenían como su principal voz al republicano y liberal Tiberio Ávila. En ese mismo hemiciclo Pablo Iglesias Posse, fundador del PSOE en 1914, solicitó al gobierno prohibir las capeas por ser actos brutales. 

En 1968 en el Código Penal de la República Democrática Alemana se tipificaba como delito que “toda persona que abuse o torture a un animal deberá rendir cuentas ante la administración de justicia”. A día de hoy, en Cuba se tramita una ley de protección animal para que entre en vigor lo antes posible. Y Holanda consiguió ser la primera nación sin animales abandonados en sus calles. 

Es conocido el poema de Rafael Alberti a su perro Niebla, la célebre oda de Pablo Neruda a su can o el amor de la lírica de Gloria Fuertes hacia los otros seres vivos con los que compartimos esta casa llamada Tierra.  

Queda en el olvido la historia de Paddy, la paloma, que en 1944 sobrevivió a las balas nazis en las playas de Normandía y remitió a las costas británicas información codificada sobre las operaciones desarrolladas. Pancho Villa cabalgó extendiendo la revolución en México junto a su caballo “Siete Leguas”. O “Lucero”, montura del guerrillero Juan Martín Diez “El Empecinado”, que donó al coronel Joaquín Vidal para emprender la restauración de la Constitución de 1812 y terminar con el absolutismo de Fernando VII. 

En Alcobendas era popular el gato “Moro” con su pelaje negro y acompañante de Francisca Delgado “La Paca” luchadora social y que hoy ostenta una calle en la localidad. 

La historia nos expone que los derechos de los animales, su cuidado y la convivencia con ellos, no es una moda posmoderna del siglo XXI.  

En la legislatura pasada la Candidatura de Unidad Popular, denominada Sí Se Puede en este municipio, introdujo en el pleno el Observatorio de Protección Animal, para ampliar la opinión y decisión sobre esos otros convivientes no humanos de nuestra población. Este mes llevamos al pleno el control ético de palomas y cotorras argentinas. Equivocadamente señaladas como invasoras, porque las ciudades son ecosistemas artificiales moldeados por el ser humano y que estas especies se han adaptado a ese hábitat urbano. 

Las experiencias de Valencia “Ciudad amiga de los animales” o la cultura del palomar en campos de Castilla, principalmente en Valladolid, algunos son alhambras rurales por su arquitectura, son ejemplos de los entornos de una especie animal puede aportar a la cultura y a la sociedad. 

El franquismo, nuestro fascismo autóctono, cañí y nulo en lo intelectual, promovió la crueldad sobre los animales, hizo un “Cid Campeador” al torero y persona de éxito social al cazador, llenando España de monterías. Esa imagen garrula debe ser desterrada de esta península ibérica y regresar al pensamiento histórico de progreso que, desde la hermandad pitagórica de la antigua Grecia, pasando por Antonio Abad o San Antón, el que curaba la ceguera a los animales del bosque. O los gatos en los brazos de Lenin mientras se deliberaba el consejo de comisarios del pueblo, hasta alcanzar esas grandes aves que pasan sin destino como recitaba Alfonsina Storni que identificaba con su madre. 

Reforzar la democracia con derechos para los animales. 

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Opinión | Eduardo Andradas

Derechos Animales y la II República en Alcobendas

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Eduardo Andradas, portavoz de Podemos Alcobendas, explica la moción sobre el Punto de Observaciones Astronómicas

Eduardo Andradas.- La II República intentó actuar contra el maltrato animal mediante el Reglamento de Policía y Espectáculos Públicos de 1935 que manifestaba en su artículo 8:

“Quedan prohibidos los espectáculos o diversiones públicas que puedan turbar el orden o que sean contrarios a la moral o a las buenas costumbres; asimismo, las peleas entre animales y el uso de animales vivos en las cucañas o como tiro al blanco y otros similares, manteniéndose sujetos, y en general, los que impliquen maltrato o crueldad para los animales”

Esto hizo que el Alcalde Francisco Baena Valdemoro dispusiera un bando en el que se impida expresamente “golpear, pinchar o arrancar al toro las banderillas o arrojarle objeto alguno”.

En julio de 1937, se emite la orden por el Director de Seguridad de la Republica, el Coronel Antonio Ortega, para impedir todo espectáculo que tenga como base las apuestas y limita las corridas de toros a las becerradas que tengan como único fin finalidades benéficas. Esta disposición nos retrotrae a 1805 que se prohibió la tauromaquia mediante una real cédula de Carlos IV en todo el país.

Recordar que desde septiembre de 1936 la Plaza de toros de las Ventas de Madrid, fue reconvertida en una inmensa huerta.

En cuanto a otros animales, el alcalde socialista y el primero elegido en nuestra localidad por sufragio libre, Enrique López Silva, mandataba el 9 de junio de 1936 lo siguiente “para proteger y fomentar el respeto de animales y plantas”:

“Queda terminantemente prohibido coger nidos o substraer de ellos los huevos o crías”
“Queda prohibida la persecución de pájaros”
“No se permitirá la venta de pájaros, quedando prohibida la caza de aves de rapiña nocturna y de tordos de la torre”
“Se prohibirá la carga excesiva de animales dedicados al transporte”
También se protegía a los árboles prohibiendo quitarle la corteza o troncharle ramas.
Estas infracciones escribía el alcalde-presidente tendrán “Las penalidades correspondientes”
Enrique López Silva, firmaría otro bando municipal en plena guerra, el 1 de mayo de 1937, en el que instaba a que “todo perro debería portar una chapa metálica, en el que estén inscritos el nombre, el apellido y la dirección de su dueño”. Durante una campaña contra la rabia, se obligaba a notificar al inspector municipal veterinario si algún animal tenia síntomas de esta enfermedad, para ponerle en tratamiento y se le dará de alta transcurrido después un mes de observación.

Alcobendas recogía a perros vagabundos en un depósito municipal donde se mantenía al animal esperando a la aparición de su conviviente humano y si no se le sacrificaba. Esta medida puede parecer cruel, pero era un avance porque anteriormente la Guardia Civil (O Guardia Nacional Republicana en ese momento) podía matar al perro directamente si le encontraba en áreas fuera de la ciudad.

Estas tibias medidas fueron un avance en la época y tras el triunfo de la dictadura Fascista del General Franco quedarían en nada. Y no encontramos hasta el 30 de mayo de 1972 un precepto relacionado con los animales, por parte del consistorio que dice así: “para todos los tenedores de perros, deben proceder a la vacunación de los mismos” en la Calle Andrés Rodríguez Perdiguero (Hoy y anteriormente a ese nombre Calle la Flor).

La II República supuso un progreso en los – derechos de los animales- que fue interrumpido por un golpe de estado. Y con ello, se perdió décadas en regresar a ese punto de partida de mínimos. 90 años después de la proclamación el 14 de abril de la República, es de justicia recordar a una forma de gobierno que pretendió “humanizar” y preservar la belleza natural de nuestro país y por primera vez intentar reducir o terminar con el maltrato contra los animales domesticados y silvestres. 90 años después desde Podemos Alcobendas continuamos con la misma idea de dotar de derechos a los animales.

Eduardo Andradas de Diego
Concejal de Podemos en Alcobendas

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Opinión | Eduardo Andradas

Julián y Teodoro, dos de Alcobendas presos del Franquismo

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Eduardo Andradas, portavoz de Podemos Alcobendas, explica la moción sobre el Punto de Observaciones Astronómicas

Eduardo Andradas.- El 28 de marzo de 1939 a la 13:30, se detuvo tras un tiroteo de la Quinta columna de Falange en Alcobendas, a la autoridad democrática de la que era alcalde Víctor Muñoz Galán. Poco se sabe más allá de caer toda la represión sobre el tesorero de la Agrupación local del PSOE, Alfonso García Mínguez, por arrojar en un pozo a la Virgen de la Paz y lanzarla una granada en el Arroyo Carbonero en agosto de 1936. Toda la ira del nuevo gobierno ilegítimo en la localidad golpeó a este vecino del pueblo pero gracias al  nuevo libro “Entre Rejas” – Fuerte de San Cristóbal 1934-1945- de Hedy Herrero Hernán de próxima salida en este mes, conocemos el destino de dos paisanos del lugar.  Decir, que el Ayuntamiento de esta población, hizo cero por restaurar la memoria de quienes fueron condenados sin garantías procesales e injustamente por quienes se levantaron armadamente contra el gobierno legalmente constituido.

El primer caso es el de Julián Vázquez Díaz, hijo de Lorenzo Vázquez y Patrocinio Díaz, natural de esta ciudad y que fue juzgado el 1 de octubre de 1934, por participar en diversos actos violentos en apoyo a la huelga de panader@s, camarer@s, hilanderas y costureras, que se daba en el país a finales de septiembre de ese año. Este cese laboral estaba promovido por la anarcosindicalista CNT y buscaba un sueldo básico para estos colectivos de trabajadores y trabajadoras. Julián era obrero del pan y fue condenado a cuatro años de prisión. Su caso demuestra que el gobierno del Frente Popular en el verano de 1936 no preparaba ninguna “Revolución”, una de las excusas del golpe de estado del 18 de julio, porque mantenía sindicalistas en los presidios muchos militantes anarquistas. El 5 de julio, Vázquez Díaz fue trasladado del penal de Ocaña al Fuerte de San Cristóbal en Pamplona, donde le alcanzaría la sublevación fascista. Participó en una fuga de reclusos republicanos el 22 de mayo de 1938. De los 795 evadidos, 207 fueron asesinados y solo tres lograron llegar a la frontera francesa. Julián, recuperó la libertad vigilada el 26 de agosto de 1940.

El otro es Teodoro Hernán Aguado, su madre y su abuelo, Donato Aguado eran también naturales de Alcobendas. Teodoro era ferroviario, sindicalista de la UGT, militante del PCE y miembro del Socorro Rojo Internacional. En ese momento del 36 estaba destinado en Miranda de Ebro. El 19 de julio intentan alcanzar Burgos para solicitar refuerzos  al gobierno de la República y son detenidos por un piquete paramilitar de boinas verdes del monárquico partido de renovación española. Cautivos desde ese día, curiosamente junto a dos leales al gobierno de Madrid, el Coronel de la Guardia Civil Villena y el comandante de la benemérita Eduardo Dasca García. La máxima autoridad militar, el General Domingo Batet que combatió para España en la Guerra de Cuba  y que en 1934 había sofocado la insurrección de la Generalitat de Catalunya, por oponerse al golpe de estado y fue fusilado en 1937 por los franquistas. La dirección opositora Burgalesa al “levantamiento nacional” no parecía muy comunista.

Volviendo a Teodoro, su mujer Vicenta López Castillar, sería detenida también por quemar los archivos del Partido Comunista en la población, se la intenta fusilar, es rapada y pasa dos meses en un calabozo. Sus cinco hijos son internados en una institución de monjas y tras el traslado sigue a su marido por los penales de Burgos y Pamplona para estar cerca de él.

Hernán Aguado participa en la evasión del Fuerte de San Cristóbal y salió en libertad condicional el 29 de agosto de 1943 y recibe el indulto el 28 de febrero de 1948.

La democracia en Alcobendas tiene pendiente un acto de desagravio con más de un centenar de Alcobendenses  represaliad@s por la dictadura de Franco hasta 1975. Entre ell@s, en tardías épocas como el 3 de noviembre de 1970 como los cuatro de CCOO con Fernando Serrano a la cabeza  por repartir propaganda “subversiva” o a Rufina Camacho por pintadas a favor de Comisiones Obreras o  Francisco González Gala por ser integrante de la rama juvenil de este sindicato.

Queda esclarecer el asesinato de Francisco Madrigal en 1974, acribillado por la espalda con siete impactos bala por negarse a identificarse ante la Guardia Civil a la salida del baile o el caso de Artemio Fernández Pastor futuro concejal del PCE en la localidad, preso 6 meses en 1974 por participar en una huelga de Correos.

Este texto solo pretende dar memoria, dignidad y reparación a l@s que lucharon por las libertades públicas.

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