Baches, dejadez y falta de gobierno

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Hay una forma muy sencilla de medir si un gobierno municipal gestiona o simplemente deja pasar el tiempo: mirar al suelo. El estado de las calles no engaña. Los discursos pueden maquillarse; el asfalto roto, no.

En la pasada legislatura, incluso en las peores circunstancias imaginables —una pandemia que paralizó administraciones enteras— se ejecutaron dos planes de asfaltado mediante contratación mayor. No fue propaganda ni improvisación. Fue gestión. Existía un diagnóstico técnico completo del estado de las calzadas, incluidos los polígonos industriales, y se asumió la realidad:  tras años de abandono, el municipio necesitaba una inversión sostenida, progresiva y planificada.

Hoy, esa política básica ha desaparecido. En la actual legislatura no se ha ejecutado ni un solo plan de asfaltado de alcance municipal. Cero. Ninguno. Y lo más grave no es solo la falta de actuación, sino la ausencia de explicaciones. No se sabe si el asfaltado ha dejado de ser una prioridad, si la gestión ha fallado o si se optó por depender de subvenciones que nunca llegaron. Lo único evidente es el resultado: calles cada vez más deterioradas y vecinos pagando el precio de la inacción.

Conviene decirlo sin rodeos: el asfaltado no es un lujo ni una obra secundaria. Es seguridad vial, es mantenimiento del patrimonio público, es respeto al dinero de todos. Cada bache que no se arregla hoy cuesta más mañana. Cada calle abandonada es una renuncia a gobernar. Y cada año sin inversión es una decisión política, no una casualidad.

Nuestro municipio no necesita más excusas ni más anuncios vacíos. Tiene un diagnóstico técnico hecho, tiene experiencia reciente en la ejecución de planes de asfaltado y tiene una necesidad evidente en todos sus barrios y zonas industriales. Lo único que falta es voluntad política.

Reactivar el III Plan de Asfaltado no es una cuestión ideológica; es una obligación de gobierno. No se trata de grandes promesas, sino de cumplir con lo esencial. Gobernar no es inaugurar o posturear, es invertir y mantener. Y cuando un ayuntamiento deja que sus calles se deterioren, lo que realmente está asfaltando es el camino hacia la dejadez. Por desgracia en Algete este abandono es ya demasiado visible.