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Psicología

El desarrollo de los vínculos en la infancia: el apego y su relación con nuestros vínculos en la actualidad 

Escrito hace

1 año

el

  • La teoría del apego (John Bowlby, 1969) explica cómo el ser humano, desde su nacimiento, necesita desarrollar una relación con al menos un cuidador principal con el objetivo de que su desarrollo social y emocional se produzca con normalidad. 

Es importante entender el apego como un ciclo progresivo de desarrollo que abarca desde la niñez hasta la etapa adulta, en el que pueden ser confirmados o contrariados los esquemas primarios. El apego comienza con los padres, posteriormente con las parejas, para finalizar y volver a comenzar de nuevo con los hijos, dándose un ciclo continuo. 

El lazo afectivo que se mantenga con el cuidador principal, tanto en calidad, como en el lapso de tiempo que se tarda en acudir/atender ante la llamada, y la manera en la que reacciona la figura de apego, va a provocar un tipo de emoción en el niño y que se genere un tipo de relación concreta (seguro, ansioso, evitativo, ambivalente) que dará lugar a unos esquemas mentales de relación, que servirán como guía para el establecimiento, comportamiento e interpretación de las relaciones futuras. 

Tipos de apego: 

  1. Apego seguro: la madre percibe, interpreta y responde de una forma adecuada a las demandas del niño. La relación es cálida y la madre emite respuestas adecuadas. Estos niños utilizan a la madre como una base segura desde la que explorar. Se muestran ansiosos ante la ausencia de la madre y felices a su regreso. 
  2. Apego inseguro-evitativo: el niño no se muestra nervioso por la ausencia de la madre, tiende a ignorar o a evitar a los progenitores. Los padres rechazan también. Los padres no están disponibles y son inefectivos. El niño ante la soledad se muestra poco estresado y explora con normalidad, tiene una aparente normalidad y desapego ante la figura de apego. Se centra más en el juego que en la interacción. 

La estrategia de regulación emocional del niño se manifiesta diluyendo la expresión emocional, rechazando las conductas de apego. Se muestran autónomos, seguros e independientes. Contienen la expresión emocional negativa, pero de forma desigual e impredecible. 

La madre se muestra insegura ante sus propias reacciones emocionales. Las reacciones del niño la llevan al rechazo (cuidado distante), aumentando el afecto negativo del niño, creando conflicto y no dando validez al afecto del niño, ni ayudándole a manejarse con los mismos. 

  1. Apego inseguro con ambivalencia: estos niños no utilizan a la madre como una base segura desde la que explorar, de hecho, no exploran prácticamente. Se muestran ansiosos ante la separación de la figura de apego y, sin embargo, cuando ésta regresa, se muestran ambivalentes: deseo de contacto, angustia de separación y el rechazo por otro. 

La estrategia de regulación emocional del niño se manifiesta por medio de la exageración de las conductas de apego, sus demandas de atención, mostrar mucha dependencia hacia las figuras de apego y mostrar inmadurez. 

Los padres se muestran incoherentes, inseguros y no disponibles. Su estrategia de cuidado se basa más en la proximidad que en cuidado correcto, tendiendo a ser intrusivo e impidiendo la autonomía y exploración del niño. 

  1. Apego desorganizado/ sin resolver: se trata de una mezcla en la que aparecen rasgos del estilo evitativo y del estilo ambivalente. Existe un miedo y una ambivalencia entre el acercamiento y el rechazo a la figura de apego debido al temor de que al acercarse tenga conductas de maltrato. Se denomina así porque el niño presenta conductas desorganizadas y confusas ante el encuentro con la figura de apego. 

Entre los porcentajes presentes en cada tipología de apego a nivel mundial, encontramos: 

– Que entre un 57 %-73 % de los niños presentan un tipo de apego seguro

– Entre un 15-32 % presentarán un apego inseguro con rechazo/evitación

– Alrededor de un 4-22 % muestran un apego ambivalente

– El desorganizado/sin resolver presenta tasas de 15 %-25 %, aumentando si se evalúa en población maltratada hasta un 80 %

El apego adulto y su influencia en las relaciones de pareja 

El apego (o la forma en la que nos relacionamos emocionalmente) se desarrolla y establece con las primeras figuras con las que establecemos una relación afectiva. Este aprendizaje nos va a influir a lo largo de nuestra vida (lo que no significa que no pueda modificarse, dependiendo de las relaciones significativas que vayamos estableciendo a lo largo de nuestro ciclo vital. Es decir, que no es algo inmutable). 

El apego adulto, por tanto, no es un resultado directo del apego infantil, si no que dependerá de nuestras primeras experiencias. Solo se mantendrá un tipo de apego si los subsiguientes siguen en esa línea. 

El apego no solo va a influir en el autoconcepto que una persona tiene de sí misma, sino que también va a afectar a la relación y/o relaciones que mantendrá a lo largo de su vida y a la forma en la que interactuará y en cómo se sentirá durante esta interacción. 

Así, durante la adolescencia y la adultez, las parejas pueden ser consideradas como figuras de apego, siendo dos de los mecanismos fundamentales de estas relaciones el cuidado y la protección. 

Algunas diferencias entre el apego infantil y el adulto: 

– En los adultos hay relaciones simétricas de cuidado y protección, no como en la infancia que uno es el que debe recibir el cuidado y depende del otro, debido a la inmadurez propia del ser humano durante sus primeros años de vida y, por tanto, dependencia de la figura de apego. 

– Durante la infancia el apego es más estable que durante la vida adulta. 

– Durante la adultez el apego frecuentemente incluye relaciones sexuales, evidentemente durante la infancia no. 

– El adulto no se encuentra tan condicionado a la presencia física para sentirse seguro de su figura de apego, ya que también tenemos un componente cognitivo que nos permite sentirnos amados y/o seguros a pesar de que la figura de apego no esté presente físicamente. 

– El adulto trata de establecer una visión de futuro en la que ambos traten de mantener una previsión de proximidad, seguridad y estabilidad. El niño no posee esta capacidad, vive en el aquí y ahora, existe en función del adulto, verlo, sentirlo, etc. 

 

Tipo de apego en el adulto (Hazan y Shaver, 1987) 
Concepto de uno mismo adultezConcepto de los demás en la adultezConcepto pareja adultezMensajes recibidos en la niñez
SeguroSeguros, confiados. 

Piensan que son fáciles de conocer y sienten poca inseguridad de sí mismos.

Buena relación con los demás, estrategias emocionales adecuadas y empatía. Cómodos en las relaciones y capaces de confiar en los demás. Creen en el amor y en su permanencia. Amigables y confiados.«Tus necesidades importan». «Estamos aquí». 

«No te vamos a abandonar».

Inseguro -evitativo Falsa seguridad, independencia y autonomíaRelaciones huidizas en la intimidad. Incómodos en la intimidad, evitan depender de otros.Percepción del amor como no duradero. Miedo a la intimidad y dificultad para aceptar a sus parejas.
«Tus necesidades no cuentan y de hecho si las muestras es probable que no las atiendan». «Rechazo y frialdad». 
Ansioso-ambivalenteInseguros, dubitativos sobre ellos mismos y sensación de no entendimiento por parte del resto de personas.Relaciones dependientes, ansiosas y miedo al abandono o a no ser amados lo suficiente, por lo que necesitan una constante reaseguración. Búsqueda de una intimidad extrema.Enamoradizos, pero no encuentran el amor verdadero según su sensación, ya que sienten que el otro no se compromete tanto como ellos. Relaciones marcadas por lo obsesivo y celoso.«Tus necesidades a veces cuentan a veces no; por tanto, si las intensificas, más es probable que cuenten». 

«Injusticia por parte de los padres».

 

En la tabla anterior podemos observar los tipos de apego en el adulto y el concepto que desarrolla de sí mismo (percepción de uno mismo), de los demás y del concepto de pareja. 

También incluye aquellos mensajes que se han recibido en la infancia por parte de las figuras de apego primarias y cómo lo vivieron. 

Por tanto, el apego influirá de forma directa e indirecta en el propio autoconcepto, ya que se trata de un elemento nuclear en el desarrollo de la personalidad y, por tanto, en la forma en la que nos relacionamos con los demás y con la pareja. 

Manifestaciones e influencia del tipo de apego en las relaciones de pareja del adulto: 

Apego ansioso: 

  • Miedo al abandono. 
  • Preocupación excesiva por todas las conductas y emociones que se dan dentro de la pareja. 
  • Exageración de las consecuencias derivadas de conflictos. 
  • Estado de hipervigilancia continua. 
  • Ansiedad, angustia, tendencia al control. 
  • Expresión constante de dudas sobre el amor que le profesa el otro y necesidad de reaseguración. 

– Apego evitativo: 

  • Temor al acercamiento del otro y alejamiento cuando esto se produce, en cambio cuando el otro se aleja, esta persona tiende a acercarse. 
  • Rechazo de la intimidad excesiva. 
  •  Desaprobación de conductas y expresiones de la pareja y atribución de comportamientos negativos a la pareja.
  • Escasa comunicación afectiva a través de lenguaje verbal y no verbal. 
  • Tendencia a culpar al otro. 
  • Escasa empatía con las necesidades de la pareja.

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Onda Cero Madrid Norte

Psicología: ‘El estrés de ser turista’ o la importancia del descanso

Escrito hace

1 mes

el

05/07/2022
tarjeta de embarque en aeropuerto

Con el mes de julio, arranca definitivamente la época de vacaciones. Tiempo para relajarnos, descansar, desconectar…pero, ¿Cómo de estresante puede ser turista? Aprovechar el tiempo al máximo y no permitirse ‘perder el tiempo’ puede tener consecuencias. Hoy hablamos de la importancia del descanso con Amelia Zamora, psicóloga del Servicio de Apoyo a los Servicios Sociales de la EMS de Tres Cantos.

«Muchas personas se toman las vacaciones como experiencias llenas de obligaciones», señala Amelia Zamora, «tienen la necesidad de sentir que están aprovechando el tiempo, como si descansar no fuera hacerlo».

Ir a ver museos y rincones típicos de nuestro destino de vacaciones, realizar planes sin parar, buscar la experiencia perfecta, son algunas de esas obligaciones autoimpuestas.

La psicóloga nos recuerda la importancia de tomarse un tiempo de descanso, que puede ser recuperar el sueño o divirtiéndonos.

«No descansar puede provocar irritabilidad, tenemos poca paciencia, nos enfadamos fácilmente…no conectamos con el sentimiento del cansancio pero estamos malhumorados», señala Zamora, «Otra consecuencia puede ser la tristeza. Muchas personas vienen a consulta pensando que están deprimidas y lo que realmente están es cansadas».

Su consejo, estas vacaciones dejar espacio al descanso.

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Onda Cero Madrid Norte

De bienes de producción a dar sentido a nuestra vida, cómo ha cambiado el motivo para ser padres

Escrito hace

2 meses

el

13/06/2022
madre soltera con hijos
  • En la época preindustrial, los hijos eran mano de obra gratuita

  • En la actualidad, la paternidad o maternidad se vive de una forma casi «filantrópica»

  • La menor necesidad ‘productiva’ de los hijos, promueve que pueda existir de forma más común la decisión de no tener hijos

Hace unas semanas, en nuestra charla con Amelia Zamora, psicóloga del Servicio de Apoyo a los Servicios Sociales de la EMS de Tres Cantos, quedó en el aire una pregunta, ¿para qué tenemos hijos los seres humanos?

“Van de la mano de los cambios de modelo económico”, señala Amelia Zamora. La psicóloga explica que en la familia preindustrial y agraria, los hijos se tenían como «bienes de producción», mano de obra gratuita para ayudar en las labores agrícolas.

En la familia industrial, los hijos se podrían identificar como «bienes de inversión», destaca Zamora como se ‘perpetúan’ los negocios y el patrimonio de las familias de una generación a otra, además de añadir nuevo patrimonio mediante los matrimonios entre distintas familias.

En la familia postindustrial los hijos se ven más como «bienes de consumo». Hoy en día, en países enriquecidos se elige tener hijos por vivir esa experiencia y se ve de forma negativa los motivos que podían llevar a tener hijos en épocas anteriores. Es un cambio generacional muy importante, por ejemplo, en la generación del siglo pasado, los hijos aportaban parte de su jornal para ayudar a la familia. Ahora colocamos a los niños de forma más central, más atentos a las necesidades de la infancia».

Explica Amelia Zamora que «casi tenemos hijos de forma filantrópica, para que nos superen en felicidad. Otra de las funciones es dar identidad y sentido de la vida a los adultos que se convierten en padres o madres».

En estos motivos menos «productivos» es más fácil que se de la alternativa de aquellas personas que descartan la paternidad o maternidad de sus planes. A pesar de los cambios, algunos valores continúan presentes: «cuando una mujer dice que no quiere tener hijos, lo primero que se le plantea es quién te cuidará cuando seas mayor, algunos conceptos se mantienen en el imaginario colectivo».





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