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Tras las huellas de la sierra

El origen del municipio de Alameda del Valle

Escrito hace

1 año

el

El nombre de Alameda del Valle proviene de la unión de un fitónimo y un orónimo. El primero se refiere a los numerosos chopos que crecen en el término formando una gran alameda a la orilla del arroyo de la Saúca. El segundo al valle formado por el río Lozoya. Son topónimos castellanos de la repoblación segoviana.

Aunque existen restos arqueológicos prehistóricos en las cercanías, la historia documentada de Alameda del Valle comienza en el año 1302 cuando caballeros castellanos fundan los quiñones de Valdelozoya y repueblan las tierras de la sierra en un paso más de la reconquista de la meseta.

En ese año las ordenanzas de Segovia dividen el “Val de Lozoya”, como se llamaba entonces, en las cuadrillas de Alameda, Oteruelo, Pinilla y Rascafría y establecen la obligatoriedad para todos aquellos que comprasen tierras a residir en ellas, levantar una vivienda y tener caballo propio.

Entre estas tierras estaban los quiñones, nombre con el que también se conoce a la milicia de cien caballeros que llegaron a estas tierras con objeto de hacer frente a las incursiones de los musulmanes que, tras quedar aislados, se habían hecho fuertes en estas montañas.

El puerto de Malagosto que se ubica al noroeste de Alameda fue durante siglos, vía de comunicación entre estos pueblos del valle del Lozoya y Segovia. En el siglo XIV, el puerto de Malagosto es nombrado en el “Libro del Buen Amor”, de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita:

Passando una mañana
El puerto de Malangosto,
Salteóm’ una serrana
Á l’asomada del rrostro:
“¡Hadeduro!”, diz’, “¿com’ andas?
”¿Qué buscas ó qué demandas
”Por este puerto angosto?”

Los Atravesaos

Entre las leyendas más famosas del Valle del Lozoya, se encuentra una que cuentan los mayores de Alameda del Valle. A los habitantes de este pueblo se les conoce comúnmente como “los atravesaos”, aunque realmente el gentilicio es alamedanos. Es curioso que una población con tan solo 198 personas en su censo, logre conservar sus historias y leyendas con el paso del tiempo, pero el Valle del Lozoya es un vivero inagotable en la preservación de leyendas serranas.

Hace mucho tiempo, un hecho curioso acontecido en la Iglesia Parroquial de Santa Marina Virgen y Mártir, lo cual causo el mote o apodo. Según recoge la voz popular, el techo de una de sus capillas necesitó reparación allá por el siglo XVIIII, y por ello tuvieron que cambiar varias vigas. Casi todas las traviesas se ubicaron sin dificultad, pero llegado el turno de la más voluminosa, tuvieron que parar.

De tales proporciones era dicho listón que no pasaba por la puerta de la iglesia. Se compraron unas 100 arrobas en aceite, las cuales se usaron untando todos sus laterales, ni por esas entro el listón, aunque se pudo deslizar el bloque hacia el interior. Agotados de los vanos esfuerzos lo tomaron como una señal, los alamedanos toleraron dejarla con su característica forma atravesada, exactamente en la entrada de Santa Marina Virgen y Mártir.

Ermita de Santa Ana

Otra de las leyendas que se cuentan en el pueblo es que Santa Ana tuvo la voluntad de permanecer en Alameda del Valle. Cuentan nuestros mayores que un pastor de Oteruelo fue visitado por la Virgen y esta depositó su imagen en un peñón en mitad del arroyo. El oteruelano recogió la figura y partió de vuelta a su casa, dispuesto a construirle una ermita donde sería honrada. Sin embargo, poco tiempo después descubrió que la imagen le había desaparecido, y fue hallada por el mismo vecino en la peña del arroyo.

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Muy contento, fue a recogerla, pensando que se trataba de alguna pillería, pero la figura se había vuelto muy pesada y no fue capaz de levantarla. Por ello, regresó al lugar con la ayuda de un carro tirado por un buey, pero tampoco logró su objetivo. Cada vez que el animal tiraba en dirección a Oteruelo del Valle, era imposible mover ni un ápice la imagen. Sin embargo, comprobó con asombro que todo lo contrario sucedía si se dirigía hacia Alameda; por ello, lo tomó como una señal de que la Virgen deseaba quedarse allí y se erigió la ermita a escasos metros del arroyo. Santa Ana quería ser alamedana.

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