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Tras las huellas de la sierra

El origen del topónimo Patones de Abajo

Escrito hace

6 meses

el

Guillermo Herrero – En Patones se han encontrado restos de un núcleo de población visigodos. Tiene dos núcleos de población, Patones de Arriba y Patones de Abajo.

Patón o Patones era un nombre de varón posiblemente de origen cantábrico, al igual que Mangión o Mangiones, que dio lugar a Mangirón. Son nombres muy antiguos, que apenas aparecen en los diplomas de los monasterios medievales por utilizarse sólo en zonas muy aisladas y rurales. Esta Sierra Norte madrileña, pobre, ganadera y aislada, debió ser repoblada principalmente por montañeses de Cantabria o Palencia, bien adaptados a esas condiciones. Como curiosidad todavía existe el apellido Patón.

Patones de Arriba cuenta con una tradición de aislamiento que ha llegado hasta nuestros días, cuando se cuenta que los árabes ignoraron este pueblo durante su invasión. No sabemos si sucedió así, pero el aislamiento de Patones de Arriba es innegable y eso facilita que se conserven tradiciones muy antiguas. Una de ellas es la leyenda del «rey de Patones», del que hay constancia histórica de que existió durante varios siglos, y que debía ser una especie de “juez de paz” anciano cuya autoridad era aceptada por los vecinos. Esta tradición duró aproximadamente hasta finales del siglo XVIII, ya que en 1826 vivía en el pueblo un anciano de 90 años que afirmaba haber conocido al último Rey de Patones, que según él se llamaba Juan Prieto.

Un juez anciano dirimiendo mediante el derecho de la costumbre, los problemas de los vecinos, y al margen de la normativa oficial. Es lógico que en Patones se haya mantenido una tradición tan castellana y tan montañesa, ya que hay claros indicios de que fueron montañeses los que repoblaron al menos Torrelaguna, Uceda, Cincovillas, Cervera de Buitrago, Berzosa de Lozoya, Piñuécar y seguramente Mangirón. Cantabria siempre fue una comarca castellana, conocida como La Montaña.

Pontón de la Oliva

Esta presa fue levantada en la segunda mitad del siglo XIX, en el contexto de las obras de construcción del Canal de Isabel II, con el objetivo de que fuera el embalse principal que abasteciera de agua a la ciudad de Madrid. Sin embargo, nunca pudo ser explotada adecuadamente.

Fue sin duda uno de los grandes fallos del abastecimiento de agua en la capital, ya que, en el siglo XIX, durante el reinado de Isabel II, la Villa de Madrid contaba con una población creciente de 206.000 habitantes. En esos años, solo una minoría disfrutaba del agua en sus hogares.
El río Manzanares no ofrecía alternativa, ya que su bajo caudal y su condición de «vertedero» hacían inviable cualquier proyecto en su interior. Sin embargo, el río Lozoya era una opción, así que desde el siglo XVIII se investigaron proyectos para transportar sus aguas a Madrid.

En 1848, los ingenieros Juan Rafo y Juan de Ribera presentaron la «Memoria razonada sobre las obras necesarias para el abastecimiento de agua a Madrid», que situaba al río Lozoya como fuente principal de abastecimiento por la calidad y pureza de sus aguas. El sistema diseñado incluía un canal (el Canal de Isabel II original) de 77 kilómetros de aguas rodadas desde una presa que se construiría cerca de la desembocadura del río en el Jarama, en un valle conocido como el cerro de la Oliva.

En agosto de 1851 comenzó la construcción de la faraónica (para aquellos tiempos) obra, con la “participación” en durísimas condiciones de 1.500 presos de las guerras carlistas, 200 obreros libres y 400 animales.

Pero los problemas estructurales del Pontón de la Oliva, una presa de 72 metros de longitud y 27 de altura, no hacían nada más que empezar: para empezar, durante las obras, el agua se salía por los contactos con el muro. Aun así, 5 años después finalizaba su construcción. Por cierto, resulta tristemente irónico que una presa hecha por presos tuviera fugas.

Durante el invierno, el Pontón de la Oliva sí se llenaba, en parte gracias a las lluvias estacionales. Sin embargo, las pérdidas el resto del año no compensaban la funcionalidad de la presa. Es más, en verano el nivel del embalse descendía por debajo del nivel del canal de salida.

El motivo fue que el lugar escogido era un terreno de calizas, que se disolvían al contacto constante con el agua y que destaponaban cavernas en las paredes del embalse. Según cuentan los relatos, los habitantes de la zona conocían perfectamente las “cuevas” existentes y por las cuales se “salía” el agua, pero vista la falta de costumbre de consultar a las poblaciones locales, no se tuvo en cuenta ese factor.

Por ello, la vida del Pontón de la Oliva fue bastante corta. La solución llegó en 1860 y de forma urgente se construyó la la pequeña presa de Navarejos para poder tomar el agua del río. Paulatinamente, el Pontón de la Oliva fue abandonado y sustituido por la del Embalse del Villar, 22 kilómetros aguas arriba.

Hoy en día, los alrededores de la infraestructura abandonada de la presa son punto de encuentro para aficionados a la escalada. La presa forma parte del patrimonio histórico de la sierra de Ayllón.

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Onda Cero Madrid Norte

Tras las huellas de la sierra: el origen de la fortuna de Los Mendoza

Escrito hace

6 días

el

23/11/2022
Castillo de Los Mendoza, en Manzanares El Real

Guillermo Herrero, responsable del proyecto de toponimia de ADESGAM.-La característica estampa del Castillo de Manzanares El Real es el vivo recuerdo de una de las familias más poderosas de la sierra de Guadarrama, la de Los Mendoza. Por todos es sabido que la nobleza tiene su origen en agradecimientos y pagos efectuados por la Corona y la corona se mantiene con el favor de los nobles.

Y es que no hay nada mejor que echar una mano al monarca de turno o a su familia para recibir a cambio unas tierras y un título. Así se han conseguido los títulos nobiliarios durante siglos. Es decir, que un tatarabuelo dio la cara por un rey en una batalla y, a cambio de ello, el resto de sus descendientes mantienen de por vida el reconocimiento.

Sin que ello signifique prejuzgar a Los Mendoza, no sabemos cómo eran o cómo son, el caso es que la familia hizo fortuna gracias a un mayordomo real allá por el año 1383.

La historia se remonta a muchos años atrás, desde que madrileños y segovianos empezaron a pelearse por el dominio de las tierras serranas, entre las que se encontraban las del Real de Manzanares.

Los diferentes monarcas habían ido haciendo transferencias de poder entre Madrid y Segovia, iban los reyes «apagando fuegos», pero no tardaban en encenderse otros; que si esos aprovechamientos son míos, que si ese poblado me pertenece… Porque segovianos y madrileños, bien, lo que se dice bien, nunca se han llevado. Ni siquiera, hoy día, se ponen de acuerdo en la denominación de la sierra de Guadarrama, llamada por los madrileños «sierra de Madrid».

Curiosamente, la mayor parte de los pueblos serranos de Madrid tienen su origen en repoblaciones efectuadas con vecinos de las tierras de Segovia, así que podrían haberse llamado «Sierra y tierras de Segovia» que por eso fueron de Segovia antes de que Madrid tuviera relevancia.

En medio de tal desencuentro, el rey Alfonso X el Sabio tomó la salomónica decisión de quedarse con todo, «ni para unos ni para otros», todo para el rey, y se acabaron las disputas.

Y esta decisión, acompañada de ciertos privilegios, aprovechamientos y usos para las dos partes, supuso casi un siglo y medio de paz.

Los distintos monarcas e infantes iban heredando las tierras del Real de Manzanares y no había nada que discutir entre segovianos y madrileños.

Pero todo esto cambió en 1375 cuando el monarca Enrique II comenzó a repartir tierras y adjudicó muchas de las del Real de Manzanares y Buitrago a su mayordomo Pedro González de Mendoza. Cierto es que no se trataba de un mayordomo al uso, sino que era Mayordomo Mayor, algo así como un hombre de máxima confianza del rey.

La historia de como comenzó el poder de los Mendoza gracias al mayordomo Pedro tiene su origen en 1385 cuando este salvó la vida al monarca Juan I en la batalla de Aljubarrota. Pedro le cedió al rey su caballo para que huyera quedándose él en tierra esperando la muerte, que la halló, mientras el rey se perdía en la distancia salvando su real vida. Y la heroica historia quedó grabada en un romance de Hurtado de Velarde en el siglo XVII.

Agradecido que era el rey, no es para menos, en 1386 entregó el Sexmo de Lozoya a Diego Hurtado de Mendoza, hijo de Pedro. Con ello, el poder de Los Mendoza se hizo aún mayor.

Así, se inicia en el año 1475 la construcción del actual Castillo de Manzanares El Real por orden de Diego Hurtado de Mendoza, primer duque del Infantado, y se finaliza siendo duque Iñigo López de Mendoza, hijo de Diego Hurtado de Mendoza.

El proceso autonómico de la Comunidad de Madrid se inició en este castillo en 1981. En 1982 albergó la constitución de la Asamblea de parlamentarios de Madrid que llevó a cabo la redacción del Estatuto de Autonomía. Curioso, la autonomía madrileña nació en tierras antaño segovianas.

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Tras las huellas de la sierra

Tras las huellas de la Sierra: Giner de los Ríos

Escrito hace

2 semanas

el

16/11/2022
Giner de los Ríos

Guillermo Herrero, responsable del proyecto de toponimia.- Francisco Giner de los Ríos, amigo de la naturaleza y de la Sierra madrileña. La Sierra de Guadarrama ha sido y es una gran aula de la naturaleza donde aprender y conocer todos los aspectos del paisaje; naturales, geológicos y geográficos. El conocimiento de la Sierra de Guadarrama y sus valores es fundamental para preservarlos y conservarlos para las generaciones futuras y para que las actuales también puedan disfrutar y aprovechar los múltiples beneficios que nos aporta estar en contacto con la naturaleza.

Ya en 1876 Giner de los Ríos junto con otros profesores universitarios fundó la Institución Libre de Enseñanza. Su esencia era un “acercamiento a la naturaleza y al paisaje, uno de los medios más valiosos para mejorar la formación del ser humano”. Giner de los Ríos desarrolló una importante tarea a favor del conocimiento y aprecio de la Sierra de Guadarrama.

Por ello, hoy en día son numerosos los profesionales, empresas y centros que trabajan en la difusión, sensibilización y acercamiento de los valores de la Sierra de Guadarrama a la población local y visitantes. Personas, que como Giner de los Ríos, comparten sus conocimientos y amor por el medio natural haciendo una notable contribución a la conservación de la Sierra de Guadarrama.

De Francisco Giner de los Ríos, nacido en 1839, se puede decir que fue el primer guadarramista. De su Ronda natal llegó a Madrid para realizar sus estudios de doctorado, allí entró en contacto con la filosofía krausista alemana, de la que aprendió la tolerancia religiosa, el culto a la razón y a la ciencia. Su compromiso de no acatar las normas en la asfixiante universidad de aquella época, donde se impedían las críticas a la religión o al sistema establecido, lo que hizo que por dos veces fuera expulsado de su cátedra.

Tras su segunda expulsión de la Universidad, creció su convicción de que para transformar esta realidad sólo la educación “interior de los pueblos” era eficaz para promover las reformas y los cambios que la sociedad española necesitaba.

En 1876, funda la Institución Libre de Enseñanza junto a varios catedráticos y auxiliares de Universidad o Instituto, basándose en modelo pedagógicos modernos, laicos y progresistas, cuya labor sigue todavía hoy asombrando en nuestros días.

Pero sobre todo fue un amante de la Sierra de Guadarrama, de su naturaleza, pueblos y costumbres fue pionero en el excursionismo didáctico. La experimentación con la naturaleza, con las cosas “pequeñas” y sus interacciones, hasta comprender lo más complejo y trascendente, forman parte de la filosofía krausista de Giner de los Ríos.

El 14 de Julio de 1883, Giner de los Ríos en compañía de alumnos, profesores y geólogos, llevó a cabo la primera excursión a pie de la Institución Libre de Enseñanza por la Sierra de Guadarrama. De Villaba a La Granja de San Ildefonso. Fueron tres duras jornadas. La primera de ellas entre Villalba y El Paular, desde las tres de la madrugada hasta la caída de la tarde. El segundo día el trayecto discurrió por el Alto Lozoya, y el tercer día entre El Paular hasta La Granja por el Puerto del Reventón (no existían las carreteras que ahora unen El Paular con la Granja a través de Cotos).

El contacto con la naturaleza permaneció y fue aumentando: a los paseos y marchas se añadieron también de forma pionera los deportes de nieve y para facilitarlos se construyó un pequeño refugio en El Ventorrillo que llamaron “la casita”.

En esta Sierra Don Francisco disfrutó, trabajó, reflexionó sobre el paisaje, estudió y admiró los elementos naturales, disfrutando con amigos y discípulos del contacto con la naturaleza.

En esta Sierra encontró a lo largo de su vida momentos felices y relajados, compartiendo y siempre descubriendo experiencias antiguas y nuevas junto a personas cercanas con la sencillez y naturalidad que caracterizaron su existencia. Y también desde esta Sierra en palabras de su discípulo el poeta Antonio Machado… “soñaba un nuevo florecer de España”.

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