logo onda cero

ESCÚCHANOS ONLINE

Tras las huellas de la sierra

Tras las huellas de la Sierra: ¿De dónde procede el nombre Cercedilla?

Escrito hace

10 meses

el

  • Hay dos versiones relativas a la etimología del nombre propio Cercedilla; en ambos casos provenientes del latín y relativos a encinares (‘quercus’).

  • El Arroyo del Pozo de la Nieve se denomina así por la proximidad de su curso a un antiguo pozo de nieve, construido para mantener este meteoro después de la época invernal.

  • El Salto del Árbol Viejo, otro de los enclaves famosos de Cercedilla, debe su nombre a unos tejos cercanos. Aunque también se le llama Ducha de los Alemanes, porque allí se refrescaban excursionistas extranjeros a los que en tiempos se llamaba en el pueblo como «alemanes».

  • El Camino Schmid, una ruta clásica por la zona de Cercedilla, debe su nombre al prestigioso montañista que primer guarda del albergue construido en 1917.

Hoy en la sección «Tras las huelas de la Sierra», descubrimos la etimología del nombre propio Cercedilla así como curiosidades sobre topónimos del término municipal serrano. ¿De dónde viene el nombre del Salto del Árbol Viejo o del Camino Schmid? Lo descubrimos con Guillermo Herrero, coordinador del proyecto Tras las  huellas de la toponimia en la Sierra de Guadarrama que se puede consultar en la web toponimos.es .

Guillermo Herrero – El Topónimo Cercedilla: Se podría pensar el origen de Cercedilla es tan simple como que primero fue Cerceda y después Cercedilla. Como una localidad menor que recordara un tanto a Cerceda. Pudiera ser, pero no. Los nombres de ambas poblaciones son contradictorios y parecen estar cambiados porque Cercedilla (literalmente una ‘Cerceda pequeñita’) es mucho más grande que Cerceda.

Parece que el nombre de Cerceda procede del latín quercetum (encinar), mientras que para el de Cercedilla hay dos versiones: según una de esas versiones se trataría efectivamente de un diminutivo de Cerceda, cuyos pastores acudían con su ganado a la zona de Cercedilla; la evolución histórica y demográfica se encargó de la actual contradicción. La otra versión, algo más rebuscada, es que el nombre procede también del latín, de la palabra quercus (encina) y de esta quercutus que sería otra forma de denominar al encinar. De quercutus habría derivado la palabra quercitillus (encinarillo) un diminutivo despectivo latino.

El Ejido: Un ‘ejido’ no es sino un campo común de todos los vecinos de un pueblo donde se reúnen los ganados o se establecen las eras. En Cercedilla concretamente se estableció en el terreno constreñido por los límites con Los Molinos y Collado Mediano, el arroyo de la Sanguijuela y el puente de Mataasnos.
Así lo confirma un documento del 17 de marzo de 1722 donde el alcalde de Cercedilla D. Antonio Sánchez Cabrera solicitaba autorización al rey Felipe V para la roturación de esa tierra y en donde se nombraban esos límites. *Referencia: ‘Guía toponímica de Cercedilla’, Miguel Ángel Sanz Alonso.

Arroyo del Pozo de la Nieve: Así denominado por la proximidad de su curso a un antiguo pozo de nieve, construido para mantener este meteoro después de la época invernal. Tiene sus fuentes por debajo de la vereda de las Berceillas y relativamente próximas al cauce del arroyo Polvito. La conformidad de la ladera lo aleja de éste y provoca su afluencia al Río Pradillo por debajo del camino de Siete Picos, entre la Majada del Barranco Carreras y el Huerto del Componedor.

 Los Baíllos: Los Baíllos nombran a una pequeña vaguada al final del valle de Navalmedio, pero fuera del mismo, concretamente entre él límite inferior este de Navalmedio y el siguiente vallejo llamado Majaserrano, donde discurren los arroyos de los Navarejos y de la Tejera.

El origen de este lugar lo encontramos en la derivación ortográfica del sustantivo: ‘Vadillos’. En actas que datan del siglo XIX correspondientes a las divisiones de los términos por parte del Instituto Geográfico Nacional, el sitio que nombra este topónimo era el de Vadillos. Es decir, vados pequeños que, sin duda, remarcaban lo exiguo del cauce que tiene el arroyo que allí nace y, por tanto, la posibilidad de vadeo sin dificultad. Vado: paraje de un río con fondo firme, llano y poco profundo por donde se puede pasar andando, cabalgando o en carruaje.

Sobre las lomas que forman su límite Oeste discurría el Camino del Lobo, cuyo punto final hoy se encuentra anegado por las aguas del embalse de Navalmedio. Camino del Lobo: dejemos correr la imaginación: »Ulula el viento frío de enero y trae consigo en ventisca la nieve del puerto. Anochece y el campo es soledad, Contra la tapia de los prados, por el camino desierto de noche y frío, pasa furtiva la silueta de un lobo. Baja del pinar, buscando majadas, barruntando el ganado…»

Salto del Árbol Viejo: Es un salto de agua de unos 2 metros de altura, una pequeña cascada que hay en el arroyo de la Navazuela, conocida anteriormente como el Chorro o Salto del Árbol Viejo, por los tejos que crecen a su vera. Sin embargo, a principios del siglo XX pasó a ser llamada Ducha de los Alemanes, haciendo referencia a los montañeros, muchos de ellos ‘alemanes’, que aprovechaban sus aguas para refrescarse. En este caso, el término ‘alemán’ debe entenderse como extranjero nacido al Norte de Francia, y en él quedarían incluidos los noruegos que frecuentaban Guadarrama. Incluso es muy probable que bastara ser rubio y amigo de Eduardo Schmid para ser considerado ‘alemán’, a pesar de que el propio Schmid, montañero reputado de la época y guarda del refugio de Peñalara en el Valle de la Fuenfría, probablemente no era alemán, sino suizo.

Y es que varios de estos ‘alemanes’ fueron pioneros del alpinismo en la Sierra madrileña. En 1902, cuando por allí ‘no circulaban sino raros grupos muy poco numerosos’ ligados a la ILE (la Sociedad de Militar de Excursiones) el Museo Nacional de Ciencias Naturales o la posterior Real Sociedad Alpina Peñalara, según dejó escrito su fundador, Bernaldo de Quirós-, también se dejaba ver este llamado ‘grupo de los alemanes’.

Su líder, Carlos Coppel, llegó a Madrid en los años 60 del siglo XIX y ‘fundó una fábrica de relojes en la calle Fuencarral, que tuvo un gran prestigio en su época’. ‘La Pedriza, un lugar prácticamente desconocido hasta que el geólogo Casiano de Prado la investigó en los años 60 del siglo XIX, ya la recorrían algunos alemanes’, cuenta Sánchez Crespo. ‘Era gente que venía en pantalón corto, que en aquella época no se llevaba, y se pegaban unas palizas tremendas por la Sierra. Eso mucha gente aquí no lo entendía’, continúa el periodista, que se refiere a fragmentos literarios y periodísticos de la época con ‘curiosas descripciones de cómo eran estos alemanes, que debían ser unos tíos bestias, enormes… En uno se decía que, después de haber estado en Los Alpes, se metieron a La Pedriza y se perdieron, porque es un laberinto’.

Camino Schmid: Camino Schmid es una ruta clásica es una ruta cargada de historia que une los albergues de los puertos de Navacerrada y la Fuenfría, los dos pasos históricos a través de la Sierra. Fue señalizada en 1926 por el socio número trece de la Real Sociedad de Alpinismo de Peñalara, un europeo de origen alemán (algunos creen que era suizo o austríaco) llamado Eduardo Schmidt. Este prestigioso montañista fue el primer guarda del albergue que este club construyó en 1917, además de un pionero del alpinismo y el esquí en España, donde vivió el resto de su vida. Trazó el itinerario que lleva su nombre para ir a visitar a los guardas del albergue del Puerto de Navacerrada, construido en 1927.

En la recta final de su vida -murió en El Espinar (Segovia), en 1962-, el montañero pasó una temporada en Trillo (Guadalajara), donde conoció a su esposa Paquita y quedó inmortalizado, en la obra Viaje a la Alcarria (1948), por el Nobel de Literatura Camilo José Cela. Y cito el lugar donde Cela habla de él y de nuestra sierra : «[…] a la entrada del pueblo hay una casa muy arreglada, toda cubierta de flores. En ella vive, ya viejo y retirado, cultivando sus rosales y sus claveles y trabajando su huerta, un veterano alpinista que se llama Schmidt. […] fue un montañero famoso; en la sierra de Guadalajara [Guadarrama] hay un camino que lleva su nombre […]».

¿Te gusta este contenido?, ¡compártelo!

Tras las huellas de la sierra

Y así cerramos un año “Tras las huellas de la sierra…”

Escrito hace

1 mes

el

13/07/2022
cerramos tras las huellas

Guillermo Herrero, responsables del proyecto de toponimia de ADESGAM.- Durante esta temporada que hoy cerramos rastreando tras las huellas de la toponimia y la tradición oral en los pueblos del norte de Madrid hemos conocido y hemos aprendido acerca del origen de los nombres de nuestro pueblo y los pueblos que nos rodeaban, de varios de sus lugares y del porqué de los nombres que reciben, de las historias, costumbres o leyendas que allí tuvieron lugar.

Y sobre todo nos hemos dado cuenta de que existen, muy cerca de nosotros, un sinfín de rincones en los que perderse, reencontrarse y disfrutar de este maravilloso paisaje serrano.

Son muchos los topónimos de parajes, fuentes, cañadas, cumbres, embalses o arroyos en los que nos hemos aventurado a indagar y en los que, con la ayuda de varios amigos de distinta índole (montañeros, blogeros, etimólogos, escritores, guías turísticos o vecinos de toda la vida), hemos aprendido a valorar la riqueza de nombres e historias que tenemos en nuestra propia región.

De hecho, son tantos los topónimos que hemos ido explorando, que hoy tan solo vamos a poder dar una vuelta y recordar unos pocos, quizá varios de los más significativos del norte de nuestra querida Comunidad de Madrid:

Manzanares

Según se ha conocido, este río fue bautizado como ‘Guadarrama’ y cuenta la leyenda que cambió su denominación, tomando los apellidos de los dos gitanos que profetizaron su nacimiento, siendo estos Marcia y Henares.

Un origen demasiado poético para los que afirman que Manzanares procede sencillamente de la abundancia de manzanos que existían en la extensa vega que hoy ocupa el embalse de Santillana o que en el siglo XVII el Duque del Infantado decidió cambiar el nombre de ‘Guadarrama’ al río por el de Manzanares, llamándolo igual que su principal señorío, el Real de Manzanares.

Río Lozoya

Durante la reconquista las tropas de Alfonso VI «El Bravo» que expulsan a los musulmanes de este valle y acompañando a dichas tropas llegaron gentes del norte peninsular (principalmente astur-leoneses y vascuences) quienes fueron los primeros pobladores del Valle, dando nombre al lugar y al río que por allí pasaba: Lozohia.

Otra opción es que fuera «el río que pasa por Lozoya». Esta última teoría dice que el nombre del pueblo equivale a «la losilla”, por estar sobre una losa, un afloramiento de roca de granito plana.

Río Jarama

Se menciona como Sarama en el Fuero de Madrid (1202). La palabra jarama se sigue utilizando en Burgos con el significado de «arroyo».

Algunos autores indican, por otra parte, que el término Jarama deriva de un vocablo bereber que significa río de frontera, papel que tuvo la zona norte del río entre los siglos IX y XI.

Guadarrama

Según algunos etimólogos se le atribuye un origen árabe, es decir, que deriva de la expresión árabe WadirRaml, guadiarrámel, que se traduciría al castellano como río del arenal. Para otros investigadores la palabra proviene del latín, de la expresión aquae dirama (dispersión o separación de agua), marcando el límite de los ríos que vertían al Duero, o al Tajo.

Pero según el experto etimólogo Pedro Luis Siguero Llorente el topónimo tiene su origen en:

‘Guada’ proviene del árabe ‘wad’ que significa ‘río’.

‘Arra’ proviene de la palabra ‘cara’ es decir, querida.

‘Ama’ se refiere a ‘amada’.

Por lo que su significado sería ‘El Río de la Querida Amada’, refiriéndose con ‘querida amada’ probablemente a una población por la que pasa el río, la cual desconocemos.

Madrid

Deriva del latín matrice, «matriz, cauce», lo que evidentemente se debe a su ubicación junto al río Manzanares, concretamente en el Campo del Moro. De hecho, en este caso moro no se refiere a ningún caudillo árabe, sino que significa «lugar morado o habitado, pueblo».

En definitiva, la Madrid, en femenino, se llamó así por estar junto a la madriz o madre del río Manzanares. Todavía se dice que algo se “sale de madre» cuando se desborda, igual que un río.

¿Te gusta este contenido?, ¡compártelo!
Continuar leyendo

Tras las huellas de la sierra

Tras las huellas de la Sierra: El origen de leyenda de Peña Citores y Dos Hermanas

Escrito hace

1 mes

el

06/07/2022
El origen de leyenda de Peña Citores y Dos Hermanas

Guillermo Herrero, responsable proyecto toponimia de ADESGAM.- En el cordel de Peñalarala (pico más alto de la Comunidad de Madrid con 2.428 metros) aparecen dos topónimos que encierran una curiosa historia sobre el origen de sus nombres. Se trata de, por un lado ,Peña Citores, pico de 2.181 metros, y de, por otro lado, las Dos Hermanas, que son dos picos cuyas cimas están en el límite entre la Comunidad de Madrid y la provincia de Segovia. La Hermana Mayor es el pico más alto de los dos, y tiene una altura de 2.285 metros. A 670 metros al sur de este pico está la Hermana Menor, con una altura de 2.271 metros.

La historia que nos ocupa la relató oralmente un pastor y es imposible asegurarnos de que sea real. Según contó el aquel hombre esta leyenda la aprendió de una “vieja vecina del caserío de Valsaín”. Y este fue su testimonio:

Hace muchos años, no se sabe cuántos, vivían en el pinar, junto a la confluencia de dos arroyos, en sitio encantador que aún hoy existe, dos hermanas nombradas Raimunda y Leocadia. Raimunda tenía seis hijos de tierna edad y era viuda y Leocadia estaba soltera y poseía una hermosura que admiraba a cuantos la contemplaban.

Un maravilloso día de primavera, un rey, no se sabe cuál, andaba de caza, junto a otros nobles caballeros, por los laberintos de los pinares de la sierra de Guadarrama. En su ansia por cobrarse una pieza, el rey, se alejó de sus acompañantes a galope tendido sobre su corcel. 

Durante la carrera, el caballo tropezó y cayó al suelo, lanzando de su grupa al jinete que portaba. Por casualidades de la vida, Leocadia, la joven pastora, presenció el suceso y corrió a socorrer al infortunado creyéndole un caballero extraviado en la espesura del bosque.

Nada más verla, el rey se quedó prendado de la pastora y ella no dudó en corresponderle, cegada por sus modales y ricas vestiduras. Advertido por los ladridos de los sabuesos, el monarca comprendió que la comitiva se acercaba al lugar donde se encontraban los enamorados y eso supondría su separación definitiva.

Con elocuentes palabras y ocultando su verdadera naturaleza, el rey pidió a la pastora que le revelara el lugar en el que se encontraría al llegar el mediodía siguiente. La bella doncella acordó acudir a su encuentro en la cima de la montaña.


Al día siguiente la zagala esperaba en las altas rocas, inquieta, cuando llegó el rey montado a caballo. Desbordada por la imagen que tenía ante sus ojos, Leocadia sintió temor al abrazarle y se echó a llorar. Comenzó entonces a rogar a la Virgen que la rescatara de esa situación que se le presentaba insoportable.

Fue entonces que del cielo bajaron dos querubines resplandecientes que usaron su magia para que el rey y Leocadia cayeran a tierra sumidos en un sueño, despertando muchos años más tarde el rey, en su palacio, lleno de arrugas y de canas, y Leocadia, en una celda de un monasterio entre guirnaldas de silvestres rosas, peonías y ramas de lirios, nardos y violetas. La cumbre de la montaña donde se obró el prodigio, y después toda la montaña, fue conocida con el nombre de Peña citó-rex (donde se citó con el rey), en memoria de aquella historia de un amor imposible, siendo también bautizado el sitio encantador donde confluyen dos cristalinos arroyos, y en el cual habitaron Raimunda y Leocadia, con la denominación de Dos Hermanas. De esta forma, nuestros protagonistas siempre serán recordados en la Sierra de Guadarrama.

¿Te gusta este contenido?, ¡compártelo!
Continuar leyendo