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Tras las huellas de la sierra

Tras las huellas de la Sierra: El ferrocarril de la sierra de Madrid

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2 semanas

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Para hablar de la línea de ferrocarril que une varios pueblos de la Sierra de Madrid, desde Cercedilla hasta el Puerto de Cotos, debemos empezar recalcando que los tiempos cambian una barbaridad, sobre todo los tiempos meteorológicos. Antaño cada estación se acoplaba al calendario y llovía cuando debía llover, en otoño y primavera fundamentalmente, y nevaba cuando debía nevar, en invierno. Pues bien, esta lógica que cada vez se cumple menos, no se aplicó al ferrocarril eléctrico de Guadarrama.

Asunto contradictorio al tratarse de un ferrocarril de alta montaña, el más alto del país. Y si no, tomamos como referencia el escrito enviado por Antonio de Luna, presidente del Patronato del Puerto de Navacerrada, al ministro de Obras Públicas en abril de 1951 a través del director de Renfe. En aquella misiva se decía lo siguiente sobre los inconvenientes y trajines que provocaba la nieve en la línea:

«Si el ferrocarril eléctrico contase con quitanieves se evitarían las interrupciones de tráfico hoy por desgracia tan frecuentes, el dejar a los viajeros a seis o siete kilómetros del final del trayecto de noche y en plena borrasca, y espectáculos que tanto dañan al deporte y al turismo y permiten establecer comparaciones vejatorias para nuestro país…, como los ocurridos a primeros del pasado mes al ex rey Humberto de Italia y a la actriz internacional Anna-Bella, que tuvieron que ser bajados a Cercedilla en trineo improvisado con cajones de pescado, o a la marquesa de Villaverde el sábado 10 de febrero, en que el tren de las once de la mañana arrancó a las cuatro de la tarde y llegó al puerto tras mil penalidades a las siete, teniendo que dejar en la estación intermedia de Siete Picos a otro tren de oficiales del Ejército que se dirigían a los cursos de esquí, y en la estación de Cercedilla al resto de los dichos oficiales y a cien viajeros que, después de aguardar pacientemente y ateridos a la llegada del único coche motor útil desde las cuatro de la tarde a las diez de la noche, hora en que se incendió el cuadro de comunicaciones de la estación de Cercedilla por contacto de la línea telefónica con la de alta por una falsa maniobra del motor que descendía del puerto, solo pudieron regresar a Madrid a las doce de la noche».

En fin, cosas de tiempos lejanos que ahora ya no suceden. El ferrocarril eléctrico de Guadarrama es el más alto de España después del tren cremallera de Núria, en el Pirineo de Girona, que comunica la localidad de Ribes de Freser con la estación de la Vall de Núria, a dos mil metros de altura. La diferencia entre uno y otro es que el ferrocarril catalán utiliza el mecanismo de la cremallera para superar los casi 1.100 metros de desnivel que separan el punto de partida y el final. En cambio, el ferrocarril eléctrico de Guadarrama es mucho más modesto en sus cifras. Parte de los casi 1.200 metros de altura de Cercedilla y alcanza los 1.819 metros del puerto de Cotos a través de un recorrido de 18 kilómetros y una pendiente media del siete por ciento, un desnivel soportable para una máquina sin necesidad de apoyarse en la cremallera.

Fue inaugurado la tarde del 12 de julio de 1923 por los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia, que llegaron a Cercedilla en coche y no en tren, como hubiera sido lo más apropiado. El tramo abierto al público llegaba solo hasta el puerto de Navacerrada y contó con un presupuesto de dos millones de pesetas, cifra muy por encima de las 800.000 pesetas calculadas inicialmente para la obra.

Durante la Guerra Civil la sierra de Guadarrama fue una de las zonas más castigadas por los dos ejércitos, pero curiosamente los combates de los puertos de Navacerrada y Los Leones no dañaron las infraestructuras ni el material de la línea. Mientras duró la contienda, los empleados del ferrocarril utilizaron los coches todos los días para trasladar a los niños de Cercedilla a una escuela situada en Camorritos con el fin de alejarlos de los enfrentamientos y ya de paso para mantener en perfectas condiciones la red.

En 1940 se hizo cargo de la explotación, aunque de manera transitoria, la compañía Renfe, hasta la compra definitiva de la línea por parte del Estado realizada en marzo de 1954: «Se autoriza al Ministerio de Obras Públicas para adquirir el Ferrocarril Eléctrico del Guadarrama, mediante el pago a la Compañía concesionaria de la cantidad que se convenga y apruebe el Consejo de Ministros«, cifra que no podía exceder de cuatro millones de pesetas abonados en seis plazos anuales entre 1954 y 1959.

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