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Tras las huellas de la sierra

Tras las Huellas de la Sierra: El topónimo Pozuelo de Alarcón

Escrito hace

4 meses

el

El topónimo de Pozuelo de Alarcón tuvo su origen en 1208, cuando el rey Alfonso VIII estableció los límites de Segovia con Toledo, Madrid y Alamín, que es cuando aparece por primera vez el nombre de Pozuelo: «et Pozolos remanet de parte de Madrid».

Como siempre hay varias teorías respecto al origen del nombre de Pozuelo de Alarcón, aunque todas giran en torno a la existencia de pozos y manantiales en su territorio.

Al parecer, el origen del nombre de Pozuelo se remonta al tiempo de los musulmanes, que excavaron un pozo al sur de la villa para abastecerla de agua. La fuente principal del pueblo se ha conocido con el nombre de «Poza», que también pudiera ser origen del topónimo de la villa.

Otra teoría de similar significado es que se llamó Pozuelo porque el primer núcleo creció en torno a un pozo, pero en este caso tendría un origen anterior a los musulmanes. Del latín puteu, «pozo». Los pozos tenían gran interés para la gente que vivía en sus alrededores, porque a veces abastecían de agua a gente venida de lugares retirados.

Respecto a su apellido hay quien dice que se llamó “de Alarcón” posiblemente porque sus primeros pobladores procedían del despoblado de Alarcón, que está 25 kilómetros al oeste aunque lo más probable es que haga referencia al apellido del quién compró el municipio en 1632, Don Luis de Ocaña y Alarcón, pasando de ser Pozuelo de Aravaca a Pozuelo de Alarcón.

Fuentes de Pozuelo de Alarcón

Según los trabajos realizados en 1877 por don Francisco Aguado y Morari “la Villa de Pozuelo de Alarcón es, entre otras cosas, rica en fuentes o abundante en aguas de excelentes virtudes que han sido y lo son siempre reconocidas.”

“Las fuentes del pueblo que nos ocupa son cinco, siendo tres de ellas las principales de que se surte el vecindario. Su agua es cristalina y pura en extremo: titúlanse LA POZA, LA FUNTECILLA, LA ESCORZONERA, LA FUENTE DE HÚMERA y EL ABREVADERO.”

El ilustrado Don Francisco se expresa del modo siguiente sobre La fuente de LA POZA:

“A pocos metros de la población, en el camino de Majadahonda, con dos magníficos surtidores, célebres por su abundancia, cuyo nacimiento está a doscientos pasos de los mismos, teniendo otro caño independiente para el espacioso lavadero colindante y en donde multitud de gentes de la localidad, formando verdadero congreso femenino se dedican al lavado de ropas de Madrid, que no deja de formar una lucrativa industria.

Los sobrantes de esta agua sirven para lavar las lanas de las fábricas de curtidos y por fin van a regar las huertas y en Marzo y Abril los fecundos prados que contiene esta parte del término, que se utilizan para pastos de ganado caballar, mular y vacuno y el resto  va a parar aun arroyo que enlaza con el pueblo y llega hasta Aravaca.

El agua de esta fuente está bien aireada, es ligera, diáfana, inodora, de sabor agradable, disuelve el jabón y cuece admirablemente las legumbres sin alterarse en lo más mínimo por la ebullición.“

Paraje de la Escorzonera

Don Francisco Aguado y Morari también nos habla de este paraje: “Hacía el Norte encontramos el monte de La Escorzonera, así llamado por la planta de este nombre que en él se cría y más hacia la sierra, el de Remisa, por el que atraviesa el ferrocarril, en donde hay un apeadero.

Su fuente era así llamada porque según los antiguos, al lado de su nacimiento se criaba mucha raíz de escorzonera. Ostenta una inscripción que dice así: Se construyó á costa de la villa esta fuente reinando Carlos III en el año MDCCLXXXV.

Rodea este pedestal un gran tazón de piedra entre musgos, plantas y hojarasca, que se cría alrededor de la fuente, abundando los berros y las acederas. Una especie de glorieta rústica, con asientos de piedra, circunda aquel sitio, convidando al descanso y la tranquilidad.

El panorama general que se contempla es majestuoso y severo. En los días alegres de primavera, estío y parte del otoño, la vista se extasía y el ánimo se embelesa en la contemplación de aquellos amplios, feraces y variados paisajes.”

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Tras las huellas de la sierra

Las leyendas que esconde la Sierra de Madrid: La Mujer Muerta y el Montón de Trigo

Escrito hace

6 días

el

30/06/2022

Guillermo Herrero – La Mujer Muerta es un cordel montañoso de la Sierra de Guadarrama que se extiende a lo largo de casi 11 kilómetros. Con un poco de imaginación se puede ver una silueta que da la impresión de representar el cuerpo de una mujer tumbada, con los brazos entrecruzados y cubierta por una especie de velo y que está integrada por tres picos entre la sierra de Madrid y de Segovia: La Pinareja, Peña del Oso y Pico Pasapán.

Existen varias leyendas sobre la razón por la cual terminó de esa manera la “Mujer Muerta”, pero sin duda esta es la más famosa:

Se cuenta que a la muerte de un jefe de una tribu sus dos hijos gemelos se comenzaron a pelear por hacerse los líderes de la tribu. La madre, para evitar que sus hijos continuaran con sus peleas, ofreció su vida a los dioses. En un día de inmensa tormenta, apareció la figura de su madre en forma de montaña, por lo que los hijos, contemplando tan impresionante espectáculo decidieron abandonar la lucha. Se dice que de vez en cuando aparecen en el cielo dos nubes que son sus hijos que vienen a venerar a su madre.

Otra leyenda sitúa a Hércules, uno de los héroes de la mitología griega y romana paseando junto con su caballero por las calles cuando apareció un grupo de  mujeres que, asustadas por la impresionante figura de Hércules, salieron todas corriendo menos una. El caballero que acompañaba al héroe, admirado de la entereza y valor de la muchacha cayó ante sus pies y se enamoró de ella. Sin embargo, cuando el padre de la muchacha se enteró del enamoramiento y no queriendo ver marchar a su hija con otro hombre, loco de celos de perderla, le quitó la vida. El caballero, desolado por la muerte, pidió a Hércules que esculpiera el cuerpo de la muchacha en una montaña.

Otra de las montañas que han dado lugar a numerosas teorías sobre su origen es un pico que se encuentra a pocos kilómetros al este de la Mujer Muerta, conocida como Montón de Trigo. Con más de 2.000 metros de altitud, el Montón de Trigo es una de las formaciones montañosas más altas de la Sierra de Guadarrama.

Cuentan los más mayores del lugar que una calurosa mañana de primavera, el sol iluminaba los campos de trigo convirtiéndolos casi en un mar de oro. Un viejo del lugar que había conseguido una fortuna con sus tierras, se levantaba cada mañana muy temprano para ir a trabajar su campo.

Estaba muy tranquilo, ocupado en su tarea, cuando dos mendigos se le acercaron a pedirle limosna. El hombre, contrariado por la interrupción, no les quiso dar nada y entonó una canción popular para ver si los pedigüeños se aburrían y se marchaban a molestar a otro: “Vengo de moler, morena de los molinos de arriba, duermo con la molinera y olé, no me cobres la matina que vengo de moler, morena”.

El más mayor de los mendigos le suplicó compasión al jornalero, rogándole que compartiera aunque fuera solo un poco de su trigo. Entonces, dos caminos se vislumbraron con claridad en la mente del campesino: o se apiadaba de ellos y compartía su trigo o inventaba una excusa y continúa con su labor. Así, el labrador contestó que, aunque le gustaría mucho poder ayudarles, no podía compartir su trigo, ya que éste no era más que un montón de tierra bañado por el sol.

Y, nos lo dice el refranero, que una mentira dicha con mucha convicción se convierte al final en verdad. Así que, ni corto, ni perezoso, el mendigo más anciano pronunció las palabras que provocaron el final de esta historia: “Permita Dios que se te vuelva tierra» y así se hizo. La montaña, hoy llamada “Montón de trigo”, es aquel falso montón de tierra del campesino, que provocó su propio castigo.

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Tras las huellas de la sierra

Los Bandoleros más famosos de la Sierra de Madrid

Escrito hace

2 semanas

el

22/06/2022
Los bandoleros famosos de la Sierra de Madrid


Guillermo Herrero.- Algunos de los nombres que producían espanto a lo largo de las sendas serranas eran el de Francisco de Villena, más conocido como `Paco el Sastre´; Pablo Santos, el `bandido de La Pedriza´; y, por supuesto, Fernando Delgado Sanz, el `Tuerto Pirón´. Fueron hombres desalmados que asaltaban a los incautos viajeros y vivían refugiados en cuevas o en chozas abandonadas por los pastores de la Sierra.

De algunos, no sólo se han conservado sus fechorías en la tradición oral, sino que se transformaron en leyenda, gracias a la designación que los serranos dieron a algunos topónimos de la zona, sobre todo a formaciones rocosas. Por ejemplo, los asaltos de Juan Plaza, el `misterioso bandolero de El Espinar´, siempre serán recordados por la peña que lleva su nombre, emplazada en la vertiente este del Arroyo Mayor a su paso por el Alto del León.

Desde su apertura en el siglo XVIII, precisamente el Alto del León se convirtió en paso principal hacia Madrid. Su complicada orografía facilitaba el `trabajo´ a los bandoleros de la zona y era, además, refugio de muchos de ellos como de Juan Peña, de quien se dice que habitaba Cueva Valiente. La historia cuenta que esta cavidad tomó su nombre por una derivación de “prueba valiente”: los quintos serranos, conocedores de la existencia de su antiguo dueño, accedían a su interior como rito de paso a la madurez.

Un caso curioso es el de Pablo Santos, apodado `el bandido de la Pedriza´, que era temido no sólo por sus rudas maneras sino por existir testimonios que lo situaban en dos lugares al mismo tiempo, lo que hacía pensar en algún tipo de brujería. Es más que probable que se tratara de una táctica inventada por el propio Santos, aprovechándose de las creencias de los lugareños.

Por la zona serrana y por Las Rozas actuaba otro de los más conocidos, Luis Candelas Cajigal, el bandido madrileño por excelencia del 1800. Actuaba con ferocidad, pero sin delitos de sangre. Era frecuente encontrarse con él y su banda en las tabernas de Madrid y, aunque ninguno era un serrano de pro, son considerados parte de «Los bandoleros del Guadarrama».

Existen testimonios que narran cómo uno de los atracos más famosos de Luis Candelas se produjo en pleno camino de Matas Altas, zona de montes situada entre Las Rozas y Torrelodones, en 1836. Gracias a un chivatazo, Candelas fue conocedor de un ‘suculento’ carromato postal procedente de Valladolid. Mientras esperaba con su banda al carruaje en cuestión, los malhechores no dudaron en asaltar a cuantos transitaron el camino aquel día, incluyendo una valija diplomática. En este maletín, cuyo supuesto dueño sería el embajador francés en España, Armand Augustin Louis de Caulaincourt, se encontrarían papeles comprometedores de nuestro país vecino.

Al regresar a Madrid, el bandolero, haciéndose pasar por el noble ‘Luis Álvarez de Cobos’, habría actuado como intermediario entre el desdichado político y la banda, recibiendo en compensación dinero y una condecoración.

El final de la mayoría de bandoleros era trágico, pues solían perecer en un asalto o eran traicionados por sus cómplices. Un ejemplo típico, es la fábula de Francisco de Villena, “Paco el Sastre”, protagonista de “El Cancho de los muertos”. El que fuera compinche del famoso bandido madrileño Luis Candelas, formó su propia banda en La Pedriza. Juntos, secuestraron a una joven rica de la capital que sufrió abusos por parte de otros miembros de la banda en su ausencia.

“Paco el Sastre” los condenó a una “muerte por despeño” y lanzó al vacío al primero de ellos. Sin embargo, el segundo se resistió y, agarrando su pierna, provocó la caída de ambos. La leyenda dice que en las noches de luna llena todavía se pueden ver todavía sus cuerpos al pie del cancho.

 





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