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Tras las huellas de la sierra

Tras las huellas de la Sierra: las atalayas del norte de Madrid

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2 meses

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Guillermo Herrero, de Tras las Huellas de la sierra, nos habla hoy de las atalayas del norte de Madrid que podemos desde la A-1 en pueblos norteños

Tras haber hablado en anteriores semanas de por ejemplo del origen de la fortuna de los Mendoza, hoy nos descubre las edificaciones musulmanas de la Edad Media que encontramos en localidades como Venturada, El Berrueco, Torrelaguna, o El Vellón

Las Atalayas de la Comunidad de Madrid

La Sierra de Guadarrama, parte del sistema central, como elemento natural es una barrera que divide naturalmente las mitades norte y sur de la península. La barrera montañosa determina las condiciones climáticas y de precipitaciones, bloqueando los vientos abiertos del suroeste en la vertiente sur, o haciendo frente a los temporales cantábricos que son parcialmente en la vertiente norte de Segovia.

Como se sitúa en el centro de la península, la Sierra de Guadarrama siempre ha sido un lugar necesario para ese tránsito norte-sur que tan concurrido ha sido durante cientos de años. Por ello en tiempos de guerra, el control de sus pasos era crucial para el desarrollo de las contiendas. Ejemplos de ello son la Guerra de la Independencia contra el ejército de Napoleón o la más cercana Guerra Civil.

Retrocediendo en el tiempo, a los siglos IX y X, y la España tal y como la conocemos no era más que un proyecto. La mitad sur está dominada por los musulmanes, mientras que la mitad norte era predominantemente cristiana. En el centro, la Sierra de Guadarrama volvía a marcar el límite, una línea claramente visible por la que había que “asomarse” si quería apoderarse del territorio enemigo. No es sorprendente que la tierra alrededor de las montañas fuera un área deshabitada y peligrosa, y ciertamente la primera en ser visitada de forma inesperada por cualquiera de los dos bandos.

Las proximidades a las montañas, o lo que es lo mismo, toda la rampa serrana de lo que actualmente es la provincia de Madrid, formaban parte de la denominada “marca media”, es decir, la línea del “no pasarán”. En este territorio madrileño el dominio era musulmán. Por ello, los ejércitos de emires y califas que durante los siglos IX y X ejercían su poder estaban muy atentos a las posibles incursiones cristianas desde las tierras del norte.

Para ejercer este control, los musulmanes crearon una red de atalayas, palabra que procede del árabe –talala, pequeña torre-. Estaban situadas estratégicamente en una línea de cerros desde donde se controlaba visualmente cualquier incursión cristiana. A la vez servían para vigilar los desmanes y revueltas que dentro del propio territorio pudieran producirse. Si desde una de esas atalayas se divisaba al enemigo, el hecho se comunicaba desde la parte superior de la edificación haciendo señales luminosas con objetos reflectantes, señales de humo, o encendiendo hogueras en lo alto, si el acontecimiento se producía en la noche. Desde Talamanca del Jarama, centro neurálgico de todo este sistema de comunicaciones con alcance visual a las señales, se tomaban las medidas necesarias para organizar a los ejércitos y preparar la defensa o el ataque.

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