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Tras las huellas de la sierra

Tras las Huellas de la Sierra: Las oscuras leyendas sobre el monasterio de San Lorenzo del Escorial

Escrito hace

3 meses

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Guillermo Herrero, responsable de www.toponimos.es.- Son muchas las leyendas sobre el monasterio de San Lorenzo del Escorial, situado en la sierra de Guadarrama, cerca de Madrid. Fue mandado construir por el rey Felipe II durante la segunda mitad del siglo XVI, donde todas las coordenadas astrológicas apuntaban que allí se hallaba una de las puertas del infierno y por ello se construyó la octava maravilla del mundo de la época; para sellar de una vez por todas la entrada al inframundo.

Pero la leyenda se acrecentó cuando un misterioso perro negro aterrorizaba a los obreros sin parar de ladrar. Todas las noches sus ladridos rompían el silencio de la noche y el descanso del rey y sus trabajadores, se le atribuyó que era el guardián de la infernal puerta, que era el perro de las siete cabezas, las mismas que el número de puertas repartidas por todo el mundo.Los obreros llegaron a paralizar las obras, se negaban a trabajar aterrorizados, para ellos era uno de los guardianes del mismísimo infierno. Por fin armados de valor dieron caza a la bestia y como si de una persona se tratara fue colgado de una soga desde la segunda planta del monasterio donde estuvo colgado durante mucho tiempo como símbolo y triunfo del bien sobre el mal.

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Por fin la puerta del infierno era sellada. Pero cuentan los escritos que el rey Felipe II eligió el monasterio para pasar sus últimos días de vida. Miedo tenía a la muerte y tras muchos días de agonía donde sus fantasmas interiores lo aterrorizaron, se rodeado, en su lecho de muerte, de numerosas reliquias, entre ellas, la rodilla y pellejo de San Sebastián, uno de los brazos de San Vicente Ferrer, una costilla del obispo Albano, crucifijos e imágenes religiosas y otros amuletos para protegerse de su miedo a la muerte y de los infernales ladridos que continuaba escuchando día tras día durante su larga agonía.

Lo cierto es que una mañana de invierno Rafael no pudo resistirlo más. Había recibido un importante montante de dinero para pagar las deudas generadas por las obras, y el brillo de los doblones de oro se le hizo insoportable. Acumuló todos los que pudo, se los sujeto a la cintura y salió del monasterio como alma que lleva el diablo tratando de huir hacia Portugal.

Como era buen conocedor del terreno empleó una ruta segura para escapar, la misma que le hacía pasar por la vecina localidad de Robledondo. Pero el terreno montañoso y escarpado a veces juega malas pasadas, de modo que al caer la noche, la mala suerte hizo que Rafael cayera en una zona conocida como Sima de los Pastores. Allí terminó sus días acompañado de las riquezas que había sustraído. La sima fue cubierta con piedras y ramas para evitar accidentes y desde entonces hay quien asegura que los doblones de oro se encuentran allí, acompañando a lo que quede de aquel empleado de Felipe II llamado Rafael Corraliza.

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