logo onda cero

ESCÚCHANOS ONLINE

Tras las huellas de la sierra

Y así cerramos un año “Tras las huellas de la sierra…”

Escrito hace

5 meses

el

Guillermo Herrero, responsables del proyecto de toponimia de ADESGAM.- Durante esta temporada que hoy cerramos rastreando tras las huellas de la toponimia y la tradición oral en los pueblos del norte de Madrid hemos conocido y hemos aprendido acerca del origen de los nombres de nuestro pueblo y los pueblos que nos rodeaban, de varios de sus lugares y del porqué de los nombres que reciben, de las historias, costumbres o leyendas que allí tuvieron lugar.

Y sobre todo nos hemos dado cuenta de que existen, muy cerca de nosotros, un sinfín de rincones en los que perderse, reencontrarse y disfrutar de este maravilloso paisaje serrano.

Son muchos los topónimos de parajes, fuentes, cañadas, cumbres, embalses o arroyos en los que nos hemos aventurado a indagar y en los que, con la ayuda de varios amigos de distinta índole (montañeros, blogeros, etimólogos, escritores, guías turísticos o vecinos de toda la vida), hemos aprendido a valorar la riqueza de nombres e historias que tenemos en nuestra propia región.

De hecho, son tantos los topónimos que hemos ido explorando, que hoy tan solo vamos a poder dar una vuelta y recordar unos pocos, quizá varios de los más significativos del norte de nuestra querida Comunidad de Madrid:

Manzanares

Según se ha conocido, este río fue bautizado como ‘Guadarrama’ y cuenta la leyenda que cambió su denominación, tomando los apellidos de los dos gitanos que profetizaron su nacimiento, siendo estos Marcia y Henares.

Un origen demasiado poético para los que afirman que Manzanares procede sencillamente de la abundancia de manzanos que existían en la extensa vega que hoy ocupa el embalse de Santillana o que en el siglo XVII el Duque del Infantado decidió cambiar el nombre de ‘Guadarrama’ al río por el de Manzanares, llamándolo igual que su principal señorío, el Real de Manzanares.

Río Lozoya

Durante la reconquista las tropas de Alfonso VI «El Bravo» que expulsan a los musulmanes de este valle y acompañando a dichas tropas llegaron gentes del norte peninsular (principalmente astur-leoneses y vascuences) quienes fueron los primeros pobladores del Valle, dando nombre al lugar y al río que por allí pasaba: Lozohia.

Otra opción es que fuera «el río que pasa por Lozoya». Esta última teoría dice que el nombre del pueblo equivale a «la losilla”, por estar sobre una losa, un afloramiento de roca de granito plana.

Río Jarama

Se menciona como Sarama en el Fuero de Madrid (1202). La palabra jarama se sigue utilizando en Burgos con el significado de «arroyo».

Algunos autores indican, por otra parte, que el término Jarama deriva de un vocablo bereber que significa río de frontera, papel que tuvo la zona norte del río entre los siglos IX y XI.

Guadarrama

Según algunos etimólogos se le atribuye un origen árabe, es decir, que deriva de la expresión árabe WadirRaml, guadiarrámel, que se traduciría al castellano como río del arenal. Para otros investigadores la palabra proviene del latín, de la expresión aquae dirama (dispersión o separación de agua), marcando el límite de los ríos que vertían al Duero, o al Tajo.

Pero según el experto etimólogo Pedro Luis Siguero Llorente el topónimo tiene su origen en:

‘Guada’ proviene del árabe ‘wad’ que significa ‘río’.

‘Arra’ proviene de la palabra ‘cara’ es decir, querida.

‘Ama’ se refiere a ‘amada’.

Por lo que su significado sería ‘El Río de la Querida Amada’, refiriéndose con ‘querida amada’ probablemente a una población por la que pasa el río, la cual desconocemos.

Madrid

Deriva del latín matrice, «matriz, cauce», lo que evidentemente se debe a su ubicación junto al río Manzanares, concretamente en el Campo del Moro. De hecho, en este caso moro no se refiere a ningún caudillo árabe, sino que significa «lugar morado o habitado, pueblo».

En definitiva, la Madrid, en femenino, se llamó así por estar junto a la madriz o madre del río Manzanares. Todavía se dice que algo se “sale de madre» cuando se desborda, igual que un río.

¿Te gusta este contenido?, ¡compártelo!

Tras las huellas de la sierra

Tras las huellas de la Sierra: las atalayas del norte de Madrid

Escrito hace

2 días

el

07/12/2022
Una de las atalayas musulmanas de la edad Media que podemos ver en la Sierra de Madrid

Guillermo Herrero, de Tras las Huellas de la sierra, nos habla hoy de las atalayas del norte de Madrid que podemos desde la A-1 en pueblos norteños

Tras haber hablado en anteriores semanas de por ejemplo del origen de la fortuna de los Mendoza, hoy nos descubre las edificaciones musulmanas de la Edad Media que encontramos en localidades como Venturada, El Berrueco, Torrelaguna, o El Vellón

Las Atalayas de la Comunidad de Madrid

La Sierra de Guadarrama, parte del sistema central, como elemento natural es una barrera que divide naturalmente las mitades norte y sur de la península. La barrera montañosa determina las condiciones climáticas y de precipitaciones, bloqueando los vientos abiertos del suroeste en la vertiente sur, o haciendo frente a los temporales cantábricos que son parcialmente en la vertiente norte de Segovia.

Como se sitúa en el centro de la península, la Sierra de Guadarrama siempre ha sido un lugar necesario para ese tránsito norte-sur que tan concurrido ha sido durante cientos de años. Por ello en tiempos de guerra, el control de sus pasos era crucial para el desarrollo de las contiendas. Ejemplos de ello son la Guerra de la Independencia contra el ejército de Napoleón o la más cercana Guerra Civil.

Retrocediendo en el tiempo, a los siglos IX y X, y la España tal y como la conocemos no era más que un proyecto. La mitad sur está dominada por los musulmanes, mientras que la mitad norte era predominantemente cristiana. En el centro, la Sierra de Guadarrama volvía a marcar el límite, una línea claramente visible por la que había que “asomarse” si quería apoderarse del territorio enemigo. No es sorprendente que la tierra alrededor de las montañas fuera un área deshabitada y peligrosa, y ciertamente la primera en ser visitada de forma inesperada por cualquiera de los dos bandos.

Las proximidades a las montañas, o lo que es lo mismo, toda la rampa serrana de lo que actualmente es la provincia de Madrid, formaban parte de la denominada “marca media”, es decir, la línea del “no pasarán”. En este territorio madrileño el dominio era musulmán. Por ello, los ejércitos de emires y califas que durante los siglos IX y X ejercían su poder estaban muy atentos a las posibles incursiones cristianas desde las tierras del norte.

Para ejercer este control, los musulmanes crearon una red de atalayas, palabra que procede del árabe –talala, pequeña torre-. Estaban situadas estratégicamente en una línea de cerros desde donde se controlaba visualmente cualquier incursión cristiana. A la vez servían para vigilar los desmanes y revueltas que dentro del propio territorio pudieran producirse. Si desde una de esas atalayas se divisaba al enemigo, el hecho se comunicaba desde la parte superior de la edificación haciendo señales luminosas con objetos reflectantes, señales de humo, o encendiendo hogueras en lo alto, si el acontecimiento se producía en la noche. Desde Talamanca del Jarama, centro neurálgico de todo este sistema de comunicaciones con alcance visual a las señales, se tomaban las medidas necesarias para organizar a los ejércitos y preparar la defensa o el ataque.

¿Te gusta este contenido?, ¡compártelo!
Continuar leyendo

Tras las huellas de la sierra

Tras las huellas de la Sierra: el último bandolero de la sierra, El Tuerto de Pirón

Escrito hace

1 semana

el

30/11/2022
Guillermo Herrero, toponimia tras las huellas de la sierra

El 30 de mayo de 1846 nació en Santo Domingo de Pirón, provincia de Segovia, Fernando Delgado Sanz, más conocido como el tuerto de Pirón, uno de los últimos bandoleros castellanos que tuvo su campo de actuación en los caminos que unían Madrid con la entonces distante e inhóspita sierra de Guadarrama.

Los motivos por los que decidió dejar la legalidad y pasarse al «lado oscuro» son tan difíciles de descifrar cono el grosor y el límite de la línea que los separa. Se dice, que cuando volvió del servicio militar su novia le había dejado por otro, y que ello no le gustó nada a Fernando Delgado, y que en venganza decidió robarle un cordero al que hubiera sido su suegro. Quizá, a partir de este suceso y de su mala relación con la Guardia Civil, se fueron enredando las cosas y el tal Fernando, novio despechado, acabó siendo el tuerto de Pirón. Aunque también puede que el asunto fuera tan sencillo como que no le gustara trabajar. Dice una copla de Tomás Calleja Guijarro, Romances del tuerto de Pirón:

«Segar y arar le mataba le aburría el pastoreo, y mientras otros el callo daban, domando su cuerpo, él estaba en las solanas como un pajón en el centeno»

Lo de tuerto le venía por una «nube» en un ojo que le impedía ver a través de él, aunque alguna coplilla decía al respecto:

«Al Tuerto, lo sé de cierto, le van siguiendo la pista; id con ojo con el Tuerto que es tuerto pero de mucha vista»

Sus delitos consistieron, básicamente, en robos de ganado a los tratantes y asaltos a los viajeros, casi siempre en el entorno de los pueblos serranos madrileños de Miraflores de la Sierra, Canencia y en el puerto de la Morcuera, o lo que es lo mismo en las laderas y pies de la Najarra.

En las faldas de la Najarra, en lo que actualmente es el final del puerto de la Morcuera entre los pueblos de Canencia y Pinilla del Valle, situados ambos en el Valle del Lozoya cerca de Pinilla del Valle, en un denso bosque de roble melojo, Fernando Delgado y su cuadrilla se ocultaban de la acción de la justicia. Ese lugar fue conocido como Mata de los Ladrones.

Lo de mata, por lo de las matas de roble, lo de los ladrones, porque allí se ocultaba el tuerto y sus hombres. También se ha denominado a este lugar Mata del Tuerto.

En estos bonitos parajes se movía el tuerto de Pirón; dicen que era un hombre poco violento, al que no le gustaba usar la fuerza. Solamente se recuerda un caso en el que se produjo la muerte a resultas de un navajazo. Fue a manos de uno de los miembros de la banda. Al parecer, un vecino había alertado a las autoridades, o se había «chivado», según dirían los bandoleros, sobre las andanzas del tuerto y su banda. Por ese motivo encontró la muerte. A su vez, el asesino fue linchado por otros vecinos de Pinilla del Valle, ajusticiado, que dirían los vecinos.

También se cuenta de él, quizá sea leyenda, que en Rascafría utilizaba el tronco semihueco de una olma para ocultarse y obtener información sobre sus víctimas. En cualquier caso, sí tuvo relación con este municipio del Valle del Lozoya próximo a Pinilla del Valle, ya que una de las ocasiones en las que lo detuvieron fue como consecuencia de la denuncia de un carbonero de Rascafría amigo suyo, al que había confiado el lugar donde ocultaba su botín.

Por lo demás, el tuerto de Pirón pasó una década y media huyendo y ocultándose, escapando de las prisiones y volviendo a ellas. En 1883 fue detenido por última vez y condenado a cadena perpetua. Murió el tuerto de Pirón en prisión en 1914, y con él, lo hizo el último bandolero de la Sierra de Guadarrama. Como dice Tomás Calleja en su copla:

«Era doctor en caminos, en rondas y devaneos amigo de las lechuzas, de las sombras y los perros, farruco como el que más y larguísimo de dedos»

¿Te gusta este contenido?, ¡compártelo!
Continuar leyendo