La lucha de los mayores LGTBI por una vejez sin tener que volver al armario
El paso a la vejez no es fácil pero puede ser especialmente crudo para las personas LGTBI. Entre las situaciones que se pueden dar está la soledad no deseada en un mundo que prima lo joven y excluye lo viejo, miedo o depresión debido al rechazo, o la posibilidad de tener que ingresar en una residencia de ancianos donde otros compañeros no hayan asumido la diversidad sexual y afectiva. El presidente de la Fundación 26 de Diciembre, Federico Armenteros, ha hablado hoy en Onda Cero Madrid Norte (100.1FM) de la lucha por una vejez con igualdad plena y sin armarios.
Mayores LGTBI, invisibilizados por su edad
Este 28 de junio se celebró el Día internacional del Orgullo LGBT en España, una fiesta de celebración de los derechos adquiridos pero también un recordatorio de que es necesario seguir avanzando hacia la igualdad plena, sin permitir ni un solo paso atrás. Armenteros ha aludido hoy a los mayores LGTBI (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales...) que llegada a cierta edad se vuelven invisibles y se ven obligados a entrar de nuevo en el armario para esquivar el doble estigma al que se enfrentan: vejez y ser diferentes al resto.
Según un estudio de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales e Intersexuales (FELGTBI+), para las personas LGTBI mayores, las principales causas que les producen preocupación a la hora de envejecer son, en primer lugar, no poder valerse por sí mismas (33%). En segundo lugar estaría el miedo a la soledad (30%), las dificultades económicas (21%) y el miedo a la discriminación por ser LGTBI (12%).
Miedo a ser rechazados
Armenteros ha aludido a las personas LGTBI que acceden a una residencia de ancianos o a un centro de día. Añade que “en unos espacios que no son seguros para ellos, tienen que volver a mostrarse como no son, por miedo a ser rechazadas o incluso agredidos por otras personas de su misma edad, que por el contexto que han vivido, no han conocido la diversidad y no les entenderían”.
El presidente de la citada Fundación, añade que se produce una paradoja. “Décadas después de haber encabezado manifestaciones y reivindicaciones que han permitido al colectivo LGTBI tener derechos hoy en día, estas personas se encuentran con la soledad, el aislamiento y la discriminación”, ha afirmado.
Al respecto una de las iniciativas impulsadas por la Fundación, que tiene 15 años de existencia, es un centro social, actualmente en la calle Fray Ceferino, 4, de Madrid, y una residencia de ancianos especializada en atención a personas LGTBI. Armenteros especifica que “no es exclusiva de personas LGTBI sino más bien inclusiva. El personal está formado en diversidad para que los residentes no se encuentren con situaciones que se pueden vivir en otros sitios”.
La otra lucha es concienciar a la sociedad actual para visibilizar y apoyar a los mayores LGTBIQ+ desde un enfoque intergeneracional con el fin de la inclusión real de este colectivo. Y luchar contra el edadismo; es decir, los prejuicios y discriminación contra las personas por su edad. “Lo que nos han vendido siempre en el Orgullo es ese chaval joven, blanco, gay y muy consumidor”, dice ARmenteros. Pero añade que hay más personas LGTBI que se merecen respeto.