Qué adaptaciones han hecho las aves marinas para poder vivir en el mar

De 10.000 aves que existen en el planeta, solo 300 viven en el mar o en el litoral debido a ser un entorno difícil. Hoy en la sección La Iberozona, la bióloga Lucía García Alcántara, de la asociación Iberozoa, explica porqué las aves marinas son unas verdaderas supervivientes. Han desarrollado la glándula de la sal para poder beber agua salada del mar y que no les afecte al organismo. O la glándula uropígea para que sus plumas no se mojen y puedan volar.

Pocas aves marinas

García Alcántara, que es coordinadora de Iberozoa en Granada, señala que las "aves marinas" no están estrechamente relacionadas evolutivamente entre sí. No son una única familia, sino que pertenecen a grupos muy diferentes de aves que, a lo largo de millones de años, se han ido adaptando a un entorno muy específico y exigente: el litoral y el océano.

Son un grupo muy peculiar, puesto que de las 10.000 especies de aves que existen en el mundo, apenas 300 son verdaderamente marinas.  La razón es que el litoral es un entorno donde no es fácil sobrevivir.

“Las duras condiciones en el mar han generado presiones de selección natural, haciendo que, evolutivamente, estas especies desarrollen características convergentes que les han permitido vivir y colonizar espacios que van desde riscos rocosos y pequeñas islas, hasta playas o incluso la inmensidad del agua oceánica abierta”, explica García Alcántara.

Las aves marinas han superado las adversidades de la vida marítima mediante adaptaciones físicas. Por ejemplo, han solucionado el reto biológico de no verse afectadas por beber agua del océano. Dicha agua es salada, y cuanto más la bebes, la sal "roba" líquido a las células y provoca sensación de deshidratación, pudiendo llegar a ser letal.

Sin embargo, las aves marinas han desarrollado una estructura conocida como la glándula de la sal, que les permite utilizar directamente este recurso. Se trata de un órgano pequeño situado en el cráneo, justo encima de los ojos, que funciona literalmente como una desalinizadora biológica. La glándula extrae y filtra la sal de la sangre, la concentra en una solución muy densa y la expulsa por las fosas nasales.

“Por eso, a veces vemos a una gaviota o a una pardela con una gotita colgando del pico o como si estuvieran estornudando; simplemente están expulsando el exceso de sal para poder hidratarse. Es esta increíble adaptación lo que les permite estar meses en alta mar sin ver ni una sola gota de agua dulce”, dice la bióloga.

Glándula uropígea

Las aves marinas también han solucionado los inconvenientes de vivir en un entorno húmedo y que el agua cercana pueda afectar a sus alas. La glándula uropígea es otro órgano creado, esta vez situado en la base de la cola, que fabrica un aceite natural. Cuando vemos a un ave "peinarse" sus plumas con el pico constantemente, lo que están haciendo es generar una barrera química, extendiendo ese aceite por todo su cuerpo para impermeabilizar su plumaje.

“Al conseguir que el agua resbale y no llegue a empaparlas hasta la piel, evitan perder calor y el riesgo de morir por hipotermia. Además, el peso del agua adherida le impediría alzar el vuelo. ¡Es como si llevasen siempre un traje de neopreno puesto y bien engrasado!”, argumenta García Alcántara.

Cormorán, una excepción

Sin embargo, hay aves marinas que han evolucionado de diferente manera. Es el caso del cormorán grande. Se trata de un ave inconfundible, de plumas oscuras y un pico con tonos anaranjados que puede llegar a medir casi el metro de longitud. Es la excepción a la regla evolutiva sobre la capa de aceite impermeable.

El cormorán tiene un plumaje que es parcialmente permeable. Por lo tanto, al absorber cierta cantidad de agua en sus plumas, pierde flotabilidad y se vuelve más pesado, lo que le permite sumergirse a gran profundidad con una agilidad pasmosa para perseguir peces bajo el agua.

Pero, por esta misma razón, tras la inmersión está obligado a posarse en las rocas con las alas extendidas de par en par al sol y al viento, para poder secar su traje de faena y recuperar el calor corporal, constituyendo una estampa icónica y muy habitual de estas aves en nuestras costas.

Gaviotas

Las gaviotas es una de las aves marinas más conocidas por el gran público. Existen muchísimas especies diferentes de gaviotas: más grandes, más pequeñas, con diferentes picos, especies que anidan permanentemente en nuestras costas o que solo las vemos de paso por nuestro litoral durante sus migraciones.

La bióloga de la asociación Iberozoa ha roto una lanza por esta especie, ya que popularmente tienen una mala reputación, siendo conocidas tristemente como animales sucios o ruidosos presentes en vertederos y zonas de residuos urbanos.

García Alcántara añade “deberíamos plantearnos que realmente estos animales, que son inteligentísimos, solo aprovechan al máximo una de sus grandes adaptaciones: ser animales generalistas y oportunistas, capaces de alimentarse de diversas fuentes y sobrevivir a muchas condiciones adversas”.

La experta agrega que lo más honesto sería plantearse que si comen en basureros es realmente el reflejo directo de lo que genera el ser humano.

“El exceso de residuos y la pésima gestión de los mismos son el verdadero problema. Estos animales, en el fondo, solo desean encontrar un hueco donde vivir y alimentarse en nuestro planeta cada vez más modificado”, dice García Alcántara.

Basura en el mar

Por otro lado, la coordinadora de Iberozoa en Granada ha recordado que uno de los mayores problemas actuales es la contaminación por plásticos y microplásticos. Las aves marinas, como las pardelas, confunden el plástico flotante con alimento al enredarse con algas o parecerse morfológicamente a otros seres vivos. El resultado es que ingieren estos residuos, se sacian falsamente y acaban muriendo de inanición, de pura hambre, pero con el estómago completamente lleno de tapones, bolsas o mecheros que no pueden digerir. Además, muchas aves buceadoras se lanzan a por cebos o se enredan en sedales de pesca y redes abandonadas en los espigones, lo que les provoca graves infecciones, amputaciones o una muerte lenta al no poder volar ni nadar.

“Incluso vemos cómo algunas aves recogen colillas de cigarro de la arena para acolchar sus nidos, exponiendo a sus crías recién nacidas a un nivel de toxicidad y metales pesados brutal”.

También ha recordado el proyecto de Iberozoa "Alborán sin Basuraleza" que aboga por la gestión de la basuraleza y la divulgación ambiental directa en el litoral de Granada. Gracias al apoyo de Ecoembes y al proyecto LIBERA de SEO/BirdLife, desde la asociación Iberozoa han podido recolectar ya más de 430 kg de basura en las playas de Granada.