Tras las huellas de la Sierra: El origen de la fiesta de la Cruz de Mayo en la Sierra de Guadarrama
El mes de mayo recibe su nombre de Maia, diosa griega de la primavera. En la mitología romana, Flora, asociada con las flores, jardines y esta estación, celebraba la Floralia, una festividad que simbolizaba la renovación del ciclo vital y se acompañaba de bailes, bebidas y flores.
Además, el culto al árbol fue común en pueblos europeos como los celtas, germanos, griegos, romanos y eslavos, donde comenzó esa práctica de decorar grandes árboles, una costumbre que perdura en numerosos pueblos madrileños hasta nuestros días.
La Fiesta de la Cruz de Mayo en los pueblos serranos es una tradición que se conserva en muchas localidades de la Comunidad de Madrid. Estas celebraciones, conocidas como "el Mayo" o las "Cruces de Mayo", comparten un origen que se remonta a antiguos cultos precristianos. Unos orígenes que hemos desvelado en Onda Cero Madrid Norte (100.1fm) con Guillermo Herrero de topoinmos.es
Celebración de la llegada de la primavera
Representan la llegada de la primavera, el resurgir de la vida y, en muchos casos, el alivio de las tensiones acumuladas durante el año.
El mes de mayo recibe su nombre de Maia, diosa griega de la primavera. En la mitología romana, Flora, asociada con las flores, jardines y esta estación, celebraba la Floralia, una festividad que simbolizaba la renovación del ciclo vital y se acompañaba de bailes, bebidas y flores.
Además, el culto al árbol fue común en pueblos europeos como los celtas, germanos, griegos, romanos y eslavos, donde comenzó esa práctica de decorar grandes árboles, una costumbre que perdura en numerosos pueblos madrileños hasta nuestros días.
El Cristianismo adaptó estas festividades, y esa cristianización de la Cruz de Mayo se remonta al siglo IV, vinculada al hallazgo de la Santa Cruz por Santa Elena, madre del emperador Constantino, en Jerusalén.
La Santa Cruz
Así, la Santa Cruz vino a sustituir al árbol sagrado, aunque en muchas regiones y localidades, como Moralzarzal, ambas costumbres (El Mayo y la Cruz de Mayo) convivieron.
Durante el siglo XX, el Mayo se convirtió en una fiesta de los Quintos, los jóvenes que se preparaban para cumplir el servicio militar. Estos cortaban un gran olmo o chopo en los prados cercanos al pueblo, lo llevaban hasta la plaza, lo plantaban y lo despojaban de su corteza. Posteriormente, lo untaban con sebo y organizaban competiciones para trepar hasta la cima, donde se colocaban premios.
"El Día de la Merienda"
Antes de su formato actual, esta festividad era conocida como el “Día de la Merienda”. Las familias pasaban el día en el campo, disfrutando de comidas al aire libre, mientras los más jóvenes buscaban nidos y preparaban tortillas con los huevos recolectados. Este día también era especial para los patronos y empresarios, quienes invitaban a comer a sus empleados.
Los canteros adoptaron esta celebración como propia, ya que los ganaderos ya contaban con su día grande en San Isidro Labrador. Durante el siglo XX, esta tradición consistió en que los empresarios de la construcción invitaban a sus trabajadores el 3 de mayo, decorando la cruz cristiana con retamas, cantuesos y romeros en flor.
Actualmente, la Cruz de Mayo se celebra en numerosos pueblos madrileños como Torrelaguna, donde se exhiben las las cruces de mayo por distintos puntos de la población, Pedrezuela, donde los mozos hacen unas coronas de peonías que recogen en el campo y las colocan en las ventanas de sus enamoradas o en Moralzarzal donde en el Parque de la Tejera el Ayuntamiento organiza una comida popular para los vecinos, presidida por una gran cruz, adornada con ramas y flores, celebrando la llegada de la primavera y dejando atrás las penurias del invierno.