Tras las Huellas de la Sierra: El origen del nombre de Guadarrama
Guillermo Herrero.- En un tiempo no tan lejano, nuestros antepasados recorrían diariamente los caminos, trabajaban en los campos, bebían agua de las fuentes y se referían a estos lugares con total naturalidad y fluidez. Con el cambio de los tiempos, y al abandonarse su uso, estamos poniendo en peligro la gran riqueza de nombres e historias referidos a sitios y lugares dentro de nuestro término municipal.
Nos presentamos, somos una pequeña empresa segoviana que desde principios de año hemos puesto en marcha, en colaboración con ADESGAM, un proyecto que mezcla lo tradicional con lo moderno, y la cultura inmaterial con las nuevas tecnologías. Sorprendente, ¿verdad?
Esta iniciativa pretende volver a dar protagonismo a la toponimia y la tradición oral de los municipios norteños, rescatando los nombres e historias de parajes, fuentes, caminos, cañadas, arroyos, lagunas, ermitas, molinos... y difundiendo su información a través de una página web y una App disponible para IOS y Android.
Cierto es que cada vez son menos los vecinos de los pueblos del norte de Madrid que conoce esos lugares que “ya no existen” o que, para la gran mayoría, han dejado de existir. Tenemos una gran tarea por delante. El pilar fundamental del proyecto son nuestros mayores y sus vivencias, mediante la recopilación en primera persona de historias y costumbres que fueron transmitidas de padres a hijos por tradición oral, y que se trata de una valiosísima información que no se encuentra en los libros.
Esta aventura tiene como objetivo recoger la tradición oral para que permanezca y se conozca, más allá de su tiempo de uso. Poner en valor el Patrimonio Cultural y Etnográfico de nuestros pueblos, hacerlo accesible para todos y salvaguardarlo para futuras generaciones, que son las que deberán conocer y respetar la herencia cultural de nuestros mayores.
Y lo mejor es que cualquiera puede aportar su granito de arena en la difícil labor de ser “Guardianes de la cultura popular”. Los vecinos pueden colaborar y participar aportando sus fotos, su conocimiento de los lugares, las tradiciones o cualquier otra información que nos ayude a completar el estudio.
En la comarca ADESGAM son muchos los municipios que han querido sumarse a la iniciativa: Alpedrete, Becerril de la Sierra, Guadarrama, Cercedilla, Collado Mediano, Manzanares el Real, El Boalo, Los Molinos y el último Moralzarzal. Los resultados pueden consultarse en www.toponimos.es, donde además recalcamos que este es un proyecto vivo en el que diariamente encontramos nuevas fuentes de información.
Que mejor manera de comenzar nuestra andadura que investigando sobre las distintas teorías alrededor del origen del nombre de la sierra madrileña mas conocida, y que comparte nombre también con una población y con un río: el origen etimológico de “Guadarrama”.
Este topónimo ha dado lugar a numerosas hipótesis acerca de su origen.
Según algunos etimólogos se le atribuye un origen árabe, es decir, que deriva de la expresión árabe WadirRaml, guadiarrámel, que se traduciría al castellano como río del arenal. Según esta teoría, el río Guadarrama daría nombre a la sierra y al pueblo, y esta es la versión más aceptada.
Otros investigadores sostienen que la palabra proviene del latín. Según este planteamiento, el término no sería originario del río, sino de la sierra. La expresión aquae dirama (dispersión o separación de agua) era utilizada por los romanos para nombrar los puntos divisorios de las aguas y, en el caso concreto de la sierra de Guadarrama, para marcar el límite de los ríos que vertían bien al Duero, bien al Tajo. Por aproximación fonética al árabe, el término latino derivó en Guadarrama.
Pero para el experto etimólogo Pedro Luis Siguero Llorente, el topónimo tiene su origen en:
GUADA – ARRA – AMA
'Guada' proviene del árabe 'wad' que significa 'río'.
'Arra' proviene de la palabra 'cara' es decir, querida.
'Ama' se refiere a 'amada'.
Por lo que su significado sería 'El Río de la Querida Amada', refiriéndose con 'querida amada' probablemente a una población por la que pasa el río, la cual desconocemos.