Sanse revive el Patronato donde el franquismo controlaba a las mujeres que consideraba “descarriadas”

La obra teatral Malditas de Dios revive esta tarde en San Sebastián de los Reyes el Patronato de Protección a la Mujer que controló durante el franquismo a las mujeres que consideraba “descarriadas”. Por ejemplo, por haberse quedado embarazadas, por fumar, o simplemente por llevar minifalda. Miguel Valiente, director de la obra teatral, y Consuelo García del Cid, superviviente de dicho patronato, han hablado en Onda Cero Madrid Norte (100.1FM) de dicha obra.

La representación tiene lugar este jueves 16 de octubre, a las 18:30h, dentro del programa Jueves de la Memoria organizado por la asociación Comisión de la Verdad de Sanse. Tiene lugar en el Auditorio del Centro Joven de Sanse (Avda. de Valencia, nº 3) con entrada gratuita hasta completar aforo. 

Según los organizadores de la representación, la obra de teatro "Malditas de Dios" da a conocer ”unos hechos que, en su conjunto, permanecieron ocultos y, por supuesto, impunes. También es una obra de puesta en valor del feminismo, de exaltación de la figura de la mujer en el contexto sociopolítico de una España que, con un encono brutal y con el apoyo de una Iglesia retrógrada, quiso mantenerla en el oscurantismo, la ignorancia y la más abyecta sumisión al varón”.

La obra está inspirada, según explica Valiente, en dos libros de la propia Consuelo García del Cid: Las desterradas hijas de Eva y Las insurrectas del Patronato. Reconoce que no conocía la institución hasta hace cuatro años, aunque estuvo abierta hasta 1982, incluso años después de la muerte del dictador.

Según explican estos libros, en el Patronato de Protección a la Mujer, cientos de mujeres fueron sometidas a toda clase de vejaciones, castigos, y humillaciones. Y podían acabar en estos centros por haber sido vistas besándose en el cine, por llevar minifalda, por fumar o por ser lesbianas, por ejemplo. Situaciones que el régimen consideraban propias de mujeres “descarriadas”, y que quería reconducir mediante una “reeducación” que se hacía en los centros.

Una parte del sistema creado en el Patronato de Protección a la Mujer estaba en manos de la iglesia. De hecho la mayoría de centros estaban en manos de diferentes instituciones religiosas femeninas.