La Iberozona: La batalla de los anfibios para reproducirse

Antonio Martín, presidente de la Asociación Iberozoa, habla hoy en la sección La Iberozona, del ciclo de vida de los anfibios y la batalla para reproducirse. Desde el cortejo, que es diferente dependiendo de las especies, hasta la lucha por la supervivencia de los renacuajos en las charcas. La citada asociación además imparte una charla-taller sobre el tema el viernes 16 de mayo en el Aula de Medio Ambiente Las Vaquerizas de Tres Cantos.

Uno de los motivos por los que los anfibios están tan amenazados es porque su ciclo de vida depende del agua. Arroyos y charcas temporales se pierden con la transformación del suelo, el cambio climático, la contaminación o la presencia de especies invasoras. Por eso, la vida de un anfibio como un sapo o un tritón está llena de cambios y fenómenos sorprendentes, desde que nace como renacuajo hasta que vuelve a la charca a reproducirse. Hoy descubriremos qué ocurre durante toda esta odisea a través de las especies de anfibios que podemos encontrar en Tres Cantos.

Todo empieza con las lluvias de primavera 

Con el aumento de las temperaturas y la humedad, los anfibios “despiertan” de su letargo tras permanecer meses enterrados o refugiados, y acuden en masa a los puntos de agua a reproducirse. Estos cambios ambientales han desencadenado la producción de hormonas que estimulan su comportamiento haciendo que prácticamente sólo piensen en reproducirse, e incluso inducen a cambios físicos (por ejemplo, a los tritones pigmeos les salen crestas, se les aplana la cola y entran en lo que denominamos la fase acuática). Estos cambios en el comportamiento se observan sobre todo en los sapos como el sapo corredor, que forma coros de cientos de individuos que resuenan a kilómetros. Normalmente los machos son los primeros en acudir a las charcas, y estos coros son los que atraen a las hembras. Otras especies más acuáticas que no emiten sonidos, como el gallipato, se comunican mediante señales y receptores químicos bajo el agua.

En qué consiste el cortejo

Una vez se encuentran un macho y una hembra, comienza el cortejo y la fecundación de los huevos. En anuros (sapos y ranas), lo normal es que esta se produzca mediante el amplexo: el macho intercepta a la hembra cuando la ve y la “abraza”. Este abrazo puede durar varias horas, incluso días en algunas especies como el sapo común. El contacto entre ambos estimula a la hembra, que ya contiene miles de huevos en su interior, y ella comienza a colocar los huevos en la charca mientras el macho abrazado a ella los fecunda, de forma externa y en el agua, como los peces. Esto es lo más habitual, pero en el frenesí reproductivo propicia que a veces se den situaciones anómalas como amplexos múltiples, amplexos a otras especies, amplexos a ejemplares muertos u objetos… algunos machos, denominados machos satélite, que no pueden competir por tamaño, vigor o frecuencia de canto con otros machos, se quedan cerca de otros amplexos para fecundar las puestas conforme salen, haciendo que en una puesta de 2.000 huevos pueda haber embriones de distintos padres. Las puestas de sapos suelen ser cadenas de miles de huevos entrelazadas en la vegetación de la charca, mientras que las de ranas se suelen parecer más a racimos de uvas o a una bola de huevos.

El cortejo en los urodelos (tritones y salamandras)

En el caso de los urodelos (tritones y salamandras) el cortejo es distinto: el macho se posiciona cerca de la hembra y realiza bailes y movimientos nupciales, aleteando y expulsando chorros de feromonas a la hembra para estimular su puesta. Esta parte del proceso es distinta en el gallipato, que sí realiza amplexo pero de una forma un tanto peculiar. Aún así, la fecundación es igual en todos: cuando llega el momento, el macho expulsa un espermatóforo: un paquete de esperma condensado que la hembra se introduce en la cloaca a posteriori. Después la hembra va colocando los huevos de uno en uno en la charca. En algunas especies como el tritón pigmeo, la hembra envuelve los huevos en las hojas de la vegetación subacuática, doblando las hojas para protegerlos de los depredadores, las infecciones o la radiación solar, que pueden influir negativamente en el desarrollo.

Cómo son los huevos de anfibio

Los huevos de anfibio no tienen cáscara, tienen una cubierta gelatinosa y son transparentes, pudiendo verse los embriones en el interior, por ello necesitan desarrollarse en el agua. Como siempre, hay una excepción que confirma la regla: el sapo partero no pone los huevos en el agua y la puesta es resistente a la desecación gracias a unas cubiertas proteicas. Además, es el macho el que cuida la puesta. Cuando van a nacer los renacuajos, es cuando el macho se acerca a la charca y suelta la puesta. En cualquier caso, los huevos de anfibio tardan aproximadamente tres semanas en eclosionar. En el caso de los anuros, nacerán los bien conocidos renacuajos, pero en el caso de los urodelos también nacerán en estado larvario, teniendo un aspecto similar al de un pez con unas pequeñas patas y, sobre todo, branquias externas como los ajolotes.

La charca, el mundo de los renacuajos

Los medios acuáticos son generalmente más productivos que los medios terrestres (hay más nutrientes, más refugio…) por lo que, en general, los renacuajos van a intentar pasar el máximo tiempo posible en el agua, ya que cuanto más tiempo pasen allí, más posibilidades tienen de sobrevivir y más alimento podrán ingerir para hacer la metamorfosis. Algunas especies completan el proceso en un mes, mientras que otras pueden estar más de un año en el agua, incluso bajo el hielo, si las circunstancias lo requieren. Lo normal es que el proceso dure de 1 a 3 meses. Sin embargo, cuando las cosas se ponen feas, por ejemplo, cuando la charca se va a secar o incluso cuando hay depredadores cerca como galápagos o cangrejos, los renacuajos detectan los cambios a través de señales químicas y aceleran su metabolismo para hacer la metamorfosis lo antes posible. Hablando de depredadores, los renacuajos son comidos por todo tipo de animales (culebras, mamíferos, aves e incluso larvas de invertebrados acuáticos como de libélula o escarabajo) siendo un eslabón trófico fundamental.

De qué se alimentan los renacuajos

No solo eso, aunque en general los renacuajos comen cualquier tipo de materia orgánica (larvas de insectos, detritos, polen, vegetación…) conforme van creciendo y la charca van menguando varias especies conviven entre sí, por lo que a lo largo de los días los “ichos ecológicos de cada larva van cambiando, originándose fenómenos de competencia entre especies. Por ejemplo, los renacuajos de sapo de espuelas se vuelven gigantescos, como pelotas de golf, y herbívoros, siendo básicamente las “vacas” de la charca. Por eso es importante no mover los renacuajos de sitio, aunque la charca se esté secando, porque en el ciclo de vida de estos animales están comprendidos todos estos procesos y podemos alterar todas estas etapas y sucesión ecológica.

La metamorfosis de renacuajo a adulto

Si consiguen sobrevivir, los renacuajos completarán el proceso de metamorfosis, dando lugar a lo que conocemos como metamórficos, que son los anfibios adultos en miniatura. Un metamórfico puede ser más de 100 veces más pequeño que un adulto, como en el caso del sapo corredor. Estamos hablando que una criatura del tamaño de una hormiga tiene vértebras, pulmones y órganos dentro y crecerá hasta convertirse en un sapo. Los metamórficos abandonan las charcas y, a partir de ahí, su vida se convierte en un misterio. No se sabe casi nada sobre qué hacen los anfibios tras la metamorfosis en sus primeros dos años de vida: dónde van, cuánta distancia recorren… solo se sabe que la mayoría de morirán, pero al haber nacido tantos en masa, la probabilidad de que alguno sobreviva es muy grande. Esta etapa se conoce como la dispersión juvenil, y es el momento más importante para que las poblaciones de anfibios se asienten en lugares nuevos.

Y el ciclo vuelve a comenzar dos o tres años después

Eventualmente, 2 o 3 años después, ya con un tamaño de subadulto, los anfibios reaparecen cerca de las charcas, ya sea cerca de la que nacieron o en otra distinta. Normalmente, un anfibio no recorrerá más de 2km en toda su vida (se han registrado movimientos de 5 o 10km, pero normalmente apenas se desplazan unos cientos de metros desde sus refugios hasta las charcas) y pueden llegar a vivir más de 20 años en algunas especies. Hay especies que viven menos (de 3 a 8 años) y se reproducen de forma más explosiva siendo más jóvenes, mientras que otras son más longevas. Cada especie tiene una estrategia vital distinta, incluso dentro de la misma especie y entre distintas poblaciones esta estrategia puede cambiar. En cualquier caso, la vida de un anfibio adulto es simple: permanece enterrado la mayoría del tiempo, incluso meses, hasta que las condiciones son favorables para volver a salir a alimentarse o reproducirse, siendo casi siempre de noche.

"Por eso debemos conservar todas las poblaciones posibles de anfibios, ya que cada especie, cada estrategia y cada historia de vida es única", según explica Antonio Martín.